Varias personas de Europa y los Estados Unidos han comenzado a ofrecer dinero para que Andrei tenga un complicado transplante de intestinos en instalaciones estadounidenses, anunció el jueves el pediatra Catalin Cirstoveanu, médico de cabecera del bebé.
Los ofrecimientos llegaron después de una información de la Associated Press difundió la semana pasada la manera en que Cirstoveanu, director del pabellón neonatal del hospital infantil Marie Curie en Bucarest, traslada a bebés al exterior para que reciban cirugías vitales como una forma de eludir una cultura de corrupción en la que muchos doctores operan únicamente con sobornos. Las fotografías, distribuidas por la AP, de Andrei en una incubadora generaron un sentimiento solidario en el mundo.
"Han llegado ofertas de ayuda, sobre todo del exterior, de una organización no gubernamental", dijo Cirstoveanu. El costo de la operación asciende a cientos de miles de dólares, muy lejos del alcance de los padres gitanos de Andrei, quienes viven en una región pobre en el oriente de Rumania. El salario medio allí es de 350 euros.
La cultura del soborno en los hospitales de Rumania está tan arraigada que las enfermeras esperan dinero sólo por cambiar las sábanas. Los cirujanos pueden recibir al menos cientos de euros por una operación, mientras que los anestesistas obtienen una tercera parte de esa suma.
Cirstoveanu dirige la unidad cardíaca en el Marie Curie. Pero su equipo ultramoderno ha estado inactivo debido a que le prohibió a su personal que acepte sobornos. Ante esa situación, envía hacia Europa occidental en vuelos baratos a bebés enfermos para que sean tratados por médicos que no esperan sobornos.
Andrei, que pesa menos que un neonato promedio, tiene únicamente 10 centímetros de intestinos contra los casi tres metros de otros bebés de su edad. Al igual que éstos, está en el comienzo de la dentición.
En medio de su calvario, cautivó a sus enfermeras, algunas de las cuales jugaron a la lotería con la intención de conseguir el dinero necesario para la cirugía en los Estados Unidos, que Cirstoveanu espera ahora que la reciba gratis.
Los padres de Andrei, que viven a cientos de kilómetros del hospital, visitan en raras ocasiones a su hijo que nació prematuro el 27 de julio en la pequeña localidad de Tecuci.
"No tiene músculos ni grasa, pero se molesta cuando nadie le presta atención", dijo Cirstoveanu de Andrei, que pesa 2,8 kilos. Sin la cirugía, advirtió, podría tener una esperanza de vida de "uno, dos, tres meses".