El villano campeón

Nicolás Almagro defiende el título en Buenos Aires pero está lejos de ser uno de los favoritos del público, tal como se notó ayer en su partido frente al italiano Potito Starace. “Por ahí me quieren ver sufrir…”, deslizó, entre el humor y la resignación. Ahora, encima, enfrentará a una joven promesa local. Hoy empiezan los octavos de final

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 Télam 162
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"Potiiiito, Potiiiito", sonaba, estridente, el Buenos Aires Lawn Tennis en la tarde de ayer mientras Starace, ese simpático italiano al que Diego Maradona supo maltratar desde las tribunas de este mismo escenario (en un dramático partido de 2008 contra David Nalbandian) daba lucha ante el campeón defensor y segundo favorito, el español Nicolás Almagro, en el marco de la primera ronda del ATP porteño.

No suele ocurrir que el público se vuelque tan masivamente a favor de uno de los jugadores cuando ambos son extranjeros. Al menos con ese nivel de euforia. Por supuesto pasaron por La Catedral del tenis argentino populares foráneos como Gustavo Kuerten o Carlos Moyá. Pero la balanza, ayer, mostraba un desequilibrio inusual. Que le permitió a Starace, de paso, cambiar el ofensivo "putito" que le profirió Diego hace cuatro años –y que lo desquició– por esta reconfortante muestra de cariño (ah, después de aquel lamentable episodio, el actual DT del Al Wasl se redimió regalándole al italiano una camiseta firmada).

Pese a su "localía", el fanático del Napoli y Nº 71 del mundo no pudo con Almagro, que se llevó el juego por 4-6 6-3 7-6(4). Apenas lo encaró el cronista de la televisión, el español se resignó ante el apoyo que había recibido su rival y entonces tuvo que oír otra fuerte silbatina. "Acá tenés a tu hinchada", le gritaba un plateísta mientras señalaba a un simpatizante que, envuelto en la bandera española, reinventaba la soledad entre la multitud.

El Nº 11 del ranking ATP es un hombre que a menudo habla sin cassette, que festeja los puntos con pasión desmedida y que supo tener problemas con varios colegas. El último, en el reciente Abierto de Australia con Tomas Berdych, quien a pesar del triunfo no lo saludó cuando terminó el partido, enojado por un pelotazo que el español le había tirado al cuerpo con presunta intención. También supo cruzarse con un argentino, Juan Mónaco, quien lo acusó de fingir una lesión y de sacarlo del partido en Wimbledon 2009.

Almagro vino los últimos cinco años a Buenos Aires y –lo dicho– fue campeón en la pasada edición del torneo. Para él, uno de los grandes especialistas del circuito en polvo de ladrillo, la gira sudamericana es más que provechosa en lo deportivo. De hecho, acaba de ganar por tercera vez el ATP de Brasil. Así y todo, nunca tuvo gran feeling con el público local.

Ya sentado en la sala de conferencia de prensa post partido, reconoció que Starace mereció llevarse la victoria, dio a la Argentina como candidata para ganar la Copa Davis y sí, se refirió al tema: "El público ha animado al jugador que creía oportuno; es respetable totalmente, y siempre he dicho lo mismo: mientras no se me falte el respeto ni me insulten, yo lo tengo que entender porque ellos son los que pagan. El público ha estado de diez, aunque sí es cierto que me gustaría que todo ese apoyo lo notara yo aquí".

En segunda ronda chocará con Federico Delbonis, una de las mayores promesas del tenis argentino, y nada hace pensar que la situación se revertirá mañana mismo. Almagro no encuentra la razón del desencanto: "Realmente no lo sé, vuelvo a decir que lo entiendo y voy a seguir haciendo mi trabajo de la mejor manera posible, con humildad. Espero poder voltear la situación y que algun día el público esté conmigo". Y se relaja, sonriente: "No sé si es porque soy el último campeón y me quieren ver sufrir…".