Cuando la pesadilla futurista se hace realidad

Dos novelistas célebres, George Orwell y Aldous Huxley, imaginaron lo opuesto a la utopía: sus obras describen siniestras sociedades futuras. Sin embargo, con diferencias de tiempo y lugar, ambos acertaron

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El 1984 de Orwell y Un mundo feliz de Huxley son verdaderas pesadillas sobre las deformaciones de la democracia, que presentan dos concepciones diferentes del control de las masas: por la privación, el primero; por la abundancia, el segundo. ¿A cuál de los escenarios prefigurados por estos escritores se parece el mundo actual?

El sitio cultural Flavor Wire se entregó al ejercicio de compararlos.

Es sabido que Orwell, un desilusionado temprano del comunismo soviético, se inspiró en el estalinismo para pintar un porvenir en el cual un gobierno totalitario controlaría toda la información y sometería a la población a la vigilancia de un Gran Hermano, una suerte de ojo omnipresente capaz de captar todas las acciones humanas. Abundaron en el siglo pasado y siguen existiendo hoy los ejemplos de regímenes que amordazan a la prensa y aspiran al control absoluto de la circulación de la información, incluso en sus formatos más modernos, como Internet. Fue el caso de la Unión Soviética y de sus satélites europeos, es hoy el caso de Irán, Corea del Norte y Cuba, entre otros.

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Un mundo feliz también es una dictadura perfecta. Pero aquí los individuos tienen la ilusión de la libertad y la realización personal sin limitaciones. En realidad están condicionados en su comportamiento mediante un sistema de sumisión que se basa en el exceso de consumo y distracción. Esto, que para Huxley fue el ejercicio de imaginar una distopía, puede verse hoy realizado en los excesos de la sociedad capitalista y su permanente incitación a la adquisición ilimitada de bienes, al materialismo como valor y al ocio como máxima aspiración; extremos que muchos países conocen, algunos en forma generalizada, otros por períodos -a los que luego una crisis pone fin brutalmente- o en determinadas franjas de la población.

También el cine se ha entregado frecuentemente a estas distopías. Es el caso de films como Escape de Nueva York (1981), Terminator (1984), Brazil (1984), Mad Max (1979), Doce monos (1995), Gattaca (1997), Matrix (1999) y, más recientemente, The Road (2009) (ver fotos relacionadas).

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Casi todos ellos están basados en la exageración de un rasgo más o menos presente en las sociedades actuales y en imaginar en qué podría desembocar esa desproporción. Por lo general, nada bueno.

No deja de ser un ejercicio interesante el revisar cuál de todos estos argumentos -literarios o cinematográficos- se aproxima más a nuestro presente. O al futuro que deberíamos temer.

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