El 8 de marzo de 1971 quedará grabado por siempre en la historia grande del boxeo. Fue cuando Joe Frazier y Muhammad Ali brindaron en el mítico Madison Square Garden, de Nueva York, la primera batalla de una trilogía memorable, que culminó en 1975, con el combate en "Thrilla in Manila".
Ese primera velada, conocida como "La pelea del siglo", la ganó por puntos "Smokin" Joe, fallecido anoche como consecuencia de un cáncer de hígado que no le dio oportunidad de pelear como lo hacía dentro del cuadrilátero.
Frazier llegaba con el cinturón de campeón, después de noquear a Jimmy Ellis el año anterior, mientras que Ali quería recuperar lo que había sido suyo en el ring y le habían despojado en la política, por negarse a combatir en la guerra de Vietnam. O sea, los dos estaban invictos.
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La historia cuenta que personalidades como Barbra Streissand, Bill Cosby y Hugh "Playboy" Hefner estuvieron en el ring side, y que hasta Frank Sinatra se las ingenió para ganarse un lugar privilegiado como "fotógrafo" de la revista Life.
"Tío Tom", "gorila" y "demasiado feo para ser campeón mundial de los pesos pesados", fueron algunas de los términos con los que Ali calentó el combate. Su rival nunca se lo perdonó, aunque tres décadas después, el mejor boxeador de todos los tiempos se disculparía públicamente: "Joe tiene razón. En el calor del momento dije cosas que no debí decir. Pido disculpas por eso. Lo siento. Todo formó parte de la promoción de la pelea".
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Fue una lucha con todas las letras. La estrategia de Ali pasaba por resistir todo lo posible a los violentos golpes de Frazier, quien en el decimoquinto y último asalto logró tumbar a su rival con un potente gancho de izquierda. Ali se levantó y llegó hasta el final, aunque perdió por fallo unánime.
Los otros dos combates los ganaría Ali, en 1974 y el recordado de Manila '75, donde el más grande de todos admitió haber experimentado la sensación más cercana a la muerte. Pero cuando en el round 14, el entrenador de Frazier le advirtió que tiraría la toalla al verlo agotado, Joe reaccionó: "Jefe, la quiero ganar". La respuesta también se ganaría un lugar en la página de las grandes gestas: "Siéntate hijo. Nadie olvidará jamás lo que hiciste hoy aquí".
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Antes de esa misma pelea, en el punto más álgido de la rivalidad entre ambos, Ali dio una muestra de nobleza para la posteridad: "Yo debo estar loco para seguir haciendo esto. Siempre saco lo mejor de cada uno de los hombres con los que peleo, pero Joe Frazier, yo se lo digo al mundo, saca lo mejor que hay en mí. Es un demonio de hombre, se los digo. Que Dios bendiga a Joe Frazier". Palabra sagrada.