Ya son tres los dictadores árabes caídos

El tunecino Ben Ali se escapó a Arabia Saudita; el egipcio Hosni Mubarak fue detenido y está siendo juzgado; el libio Muamar Khadafi, fiel a su personaje, acaba de ser abatido en el último foco de su resistencia armada a la rebelión popular

¿Quién dijo que la primavera árabe estaba terminada? En menos de un año ya ha conseguido derrocar a los tres principales tiranos del norte de África, ha situado al clan sirio de los Asad y al yemení Saleh en una posición muy complicada y ha impulsado un proceso de reformas democráticas en Marruecos.

A finales de agosto se cerró un importante capítulo en la historia de este joven y frágil Estado norteafricano llamado Libia con la toma por los rebeldes de su capital, Trípoli, y la huida de Khadafi.


La muerte de Khdafi es una buena noticia para Libia, el Magreb, el mundo árabe y la comunidad internacional. Mientras estuviera libre este coronel que ha protagonizado de forma grotesca y criminal dos terceras partes de la vida independiente de su país, la rebelión no podía cantar victoria.

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Túnez y Egipto son naciones relativamente más cohesionadas pero las dificultades persisten. El primero tiene serios inconvenientes económicos y en el segundo, el gobierno de transición militar reprime a la minoría cristiana y cualquier voz disidente. Las elecciones democráticas parecen todavía muy lejanas.

Las caídas de Ben Ali y Mubarak confirmaron a Khadafi en su idea de que el mejor modo de mantenerse en el poder era emplear la máxima brutalidad, respondió con sangre y fuego a la rebelión libia. Afortunadamente, cuando los rebeldes de Bengasi estaban a punto de ser aplastados, la comunidad internacional, liderada por París y Londres, supo reaccionar.

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