Ya es moneda corriente: cada partido decisivo, en el que se definen cosas importantes, suele terminar con hechos violentos. Y anoche no fue la excepción. En Córdoba, en Brasil y en la ciudad de Buenos Aires, tres "finales" terminaron en escándalo.
El más resonante, por lo que significa el factible descenso de River ala BNacional, ocurrió en Córdoba. Promediando el segundo tiempo, y cuando el conjunto de Juan José López perdía 2 a 0 y era claramente superado por su rival, integrantes de la barra brava "millonaria" ingresaron al terreno de juego e intentaron agredir a los jugadores visitantes.
El partido estuvo suspendido cerca de 20 minutos, y aunque se reanudó, el clima de tensión continuó más allá del estadio, cuando otros hinchas insultaron a los jugadores al llegar al hotel en donde se hospedó el plantel. Lo increíble es que no hubo un solo detenido por los incidentes.
Un rato antes, en las adyacencias de la cancha de Boca, hinchas de Huracán, que habían sufrido el descenso de su equipo al perder el desempate ante Gimnasia, provocaron destrozos y momentos de violencia, más específicamente, en la intersección de las calles Palos y Villafañe y en las cercanías del hospital Argerich), sitio en el cual intentaron atacar varios comercios de la zona. Hubo más de 60 detenidos, y varios oficiales heridos.
Y la noche violenta en el continente terminó con la final dela CopaLibertadoresque el Santos le ganó a Peñarol. Al finalizar el encuentro, los jugadores de ambos equipos se enfrentaron a puños de golpe, en una gresca que hizo recordar, y mucho, a las viejas "batallas" del torneo continental. Una situación que empañó la alegría de los hinchas brasileños.
En una misma jornada, tres partidos decisivos terminaron en violencia. Una muestra más del momento que vive el fútbol sudamericano.