Yemen está al borde de una guerra civil

La capital respira un clima bélico, con miles de refugiados y combates cada vez más intensos. El presidente Ali Abdullah Saleh volvió a desafiar los pedidos de renuncia

Reuters
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Más de 40 personas murieron el jueves en enfrentamientos en Saná, en el cuarto día de combates desde el colapso del acuerdo negociado por los países del Golfo para que Saleh renuncie tras 33 años en el poder y ponga fin a los cuatro meses de violencia en el empobrecido país.

Centenares de residentes de Saná con muebles y otras sesiones apiladas encima de sus automóviles se apresuraban a huir de la violencia. Otros formaban largas filas delante de las panaderías, bancos y gasolineras, tratando de aprovisionarse antes de refugiarse en zonas más seguras.

El enfrentamiento del jueves entre las fuerzas de seguridad de Saleh y los miembros de la poderosa tribu Hashed liderada por Sadiq al-Ahmar, fue el más sangriento en Yemen desde el inicio de las protestas en enero.

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Combatientes vestidos de civil ocuparon algunos distritos de la capital, donde se escuchaban ráfagas de ametralladora. También se oían explosiones esporádicas cerca del lugar de las protestas, donde siguen acampando miles de personas que exigen la salida de Saleh del poder.

Mientras la situación empeoraba, las embajadas extranjeras redujeron su personal y pidieron a los ciudadanos de sus países que abandonaran Yemen. Estados Unidos y Arabia Saudita, blancos de fallidos atentados de la rama yemení de Al Qaeda, han intentado poner fin a una crisis e impedir la expansión de la anarquía que podría dar más espacio a la red extremista.

Existe temor a que Yemen, al borde de la ruina financiera, pueda desestabilizar la seguridad regional y suponga un serio riesgo para Arabia Saudita, principal exportador de petróleo del mundo.

El G-8 se suma a los pedidos de reuncia

En una reunión en el balneario francés de Deauville, los líderes de las potencias del G-8 pidieron la renuncia de Saleh para evitar una guerra civil. "Deploramos los combates que ocurrieron durante la noche, que fueron resultado del actual estancamiento político, por el cual el presidente Saleh tiene responsabilidad directa debido a su negativa a firmar el acuerdo de transición del GCC", dijo un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores francés, en referencia al Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico.

Estados Unidos, que ha considerado a Saleh como un aliado en la lucha contra Al Qaeda, aumentó también la presión. "Seguimos apoyando la partida del presidente Saleh, que constantemente ha acordado que debe renunciar y luego constantemente ha renegado de esos acuerdos", indicó la secretaria de Estado Hillary Clinton en París.

El fiscal general yemení ordenó el arresto de líderes "rebeldes" de los grupos tribales encabezados por la familia al-Ahmar y un funcionario del Gobierno dijo que la sede de la cadena de televisión de la oposición había sido "destruida".

El líder tribal Sadiq al-Ahmar señaló que no había posibilidad de mediación con Saleh y pidió a las potencias regionales y globales que fuercen su salida antes de que el país se vea inmerso en una guerra civil. "Ali Abdullah Saleh es un mentiroso, mentiroso, mentiroso", arengó Ahmar, líder de la federación tribal Hashed. "Somos firmes. Se va a ir de este país descalzo".

Saleh dijo el miércoles que no se rendirá ante los "dictados" internacionales para que renuncie y abandone Yemen, a pesar de las crecientes protestas y la presión externa.

El más reciente brote de enfrentamientos estalló un día después de que Saleh se negó por tercera vez de un acuerdo mediado por los vecinos del Golfo Pérsico, que proponía su dimisión a cambio de inmunidad judicial.

La presión ha ido en aumento desde febrero, cuando manifestantes inspirados en las revoluciones democráticas en Túnez y Egipto comenzaron a acampar en plazas y a marchar por centenares de miles para pedir la marcha de Saleh. Sus intentos de frenar las protestas por la fuerza han dejado 260 muertos.

El mandatario sostuvo el miércoles que no haría concesiones a quienes buscan su partida, pero la capital del país de 23 millones de habitantes tiene la atmósfera de una ciudad en guerra.

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