Las densas lluvias que a principios de años invadieron y arrasaron con Pakistán provocaron cambios impensables. No fueron sólo las personas quienes perdieron todo, sino también los insectos.
Las arañas no pudieron volver a sus nidos y debieron encontrar otro lugar donde albergarse. Ante el pánico de que el agua regrese y la catástrofe se repita, los arácnidos decidieron hospedarse en las alturas, como la copa de los árboles.
Es por eso que los árboles de la localidad de Sindh se han transformado en auténticos capullos arácnidos, lo que provoca un espectáculo inusual, desagradable y atractivo.
Los habitantes de esta zona jamás han visto semejante paisaje y celebran que además de llamar la atención del mundo, las arañas hayan logrado disminuir la cantidad de mosquitos que habían conquistado el área.
Los mosquitos se quedan atrapados en las telas de araña, lo que se traduce en un beneficio de los habitantes de la localidad. Porque no es sólo la molestia que se acaba, sino también los casos de malaria.