La tecnología distrae a los adolescentes. Aunque no sea novedad, actualmente está alcanzado niveles inimaginables hace unos pocos años, y mucho menos durante la juventud de los padres de los estudiantes secundarios de hoy. Facebook, Twitter, los mensajes de texto, los videojuegos o YouTube absorben cada vez más el tiempo de los jóvenes estadounidenses.
¿El resultado? Los chicos de hoy dejan de lado sus tareas del colegio para twittear, mandan cientos de mensajes de texto por día y sus notas sufren el impacto. Los profesores incluso advierten que algunos de sus alumnos más inteligentes y brillantes tienen promedios mediocres, sencillamente por no estudiar. Los estudiantes, por su parte, admiten que les es difícil apartarse de sus computadoras y celulares, y todavía más concentrarse en una sola actividad, como leer un libro.
Pero el cielo parece solo parcialmente nublado. Algunos docentes estadounidenses opinan que "si no puedes con ellos, úneteles". Ahora abren la puerta de sus aulas a las nuevas tecnologías, como ya es habitual en varios países latinoamericanos que han implementado el programa Una Laptop Por Niño. David Reilly, director de una escuela secundaria en California, relató al rotativo neoyorquino cómo pidió a sus profesores crear sitios en internet para sus clases; retrasó el horario de entrada porque "sus estudiantes se presentaban con los ojos empañados, al menos en parte porque se quedaban despiertos hasta tarde en sus computadoras"; y consiguió financiamiento para enseñar mandarín a través de iPads.
Los esfuerzos de la escuela caen en saco roto cuando no va acompañado de un control en la casa. Sin embargo, los propios padres reconocen su impotencia a la hora de supervisar el uso de tecnologías que simplemente no existían cuando ellos mismos eran adolescentes, sobre todo cuando deben trabajar fuera de casa y sus hijos se quedan con la computadora como única compañía. Jacob L. Vigdor, investigador de la Duke University, señaló al New York Times que los chicos "son dejados solos con sus propios dispositivos [tecnológicos], y el ímpetu no es hacer la tarea, sino jugar".
En ese sentido, investigadores de Harvard han hallado que el uso muy frecuente de videojuegos, que sobreestimulan el cerebro, trastorna el sueño de los adolescentes aun más que la televisión. Pero eso no es todo: también afecta la habilidad para recordar vocabulario. Markus Dworak, que dirigió el equipo que condujo este estudio, explicó: "Cuando uno ve vocabulario y ve estímulos enormes luego de eso, el cerebro tiene que decidir qué información almacenar. El cerebro podría favorecer la información emocionalmente estimulante por sobre el vocabulario".
Lea el artículo completo en el sitio web del New York Times.
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