Un hombre conoce a una mujer. El argumento siempre fue garantía de buenas historias: desencuentros, equívocos, aventura. Pero desde la expansión de la cultura digital, las tramas tienden a complicarse: un chico con Facebook y Twitter y MySpace y Skype y blog y Ping y cuatro cuentas de correo electrónico y un usuario en Wikipedia conoce a una chica que sube videos a YouTube y usa Flickr, paper.li, MSN, buzz y BlackBerry chat y Tumblr y Twitter y Facebook. Son felices. Pero un día ella descubre que él sigue los tweets de su ex, o él sospecha que ella ha cambiado la foto de su perfil porque un desconocido le dijo que le quedaba mejor el pelo corto.
Con la incorporación casi naturalizada de la tecnología y todos sus frutos, como las comunidades 2.0, la decisión de compartir los días con otra persona no se limita ya a ese sentimiento tan poderoso que, según Dante, es capaz de mover el sol y las demás estrellas. Ahora se ponen en juego también los estados de usuario, las listas de contactos y las contraseñas de las cuentas.
Facebook, Twitter, YouTube y el ya casi añejo chat no sólo agilizaron la interconexión de los cibernautas entre sí; también complejizaron y multiplicaron las formas que tiene cada uno de llegar al otro. Dominar el lenguaje oculto y los guiños de la web 2.0 es una poderosa herramienta a la hora de iniciar el camino del romance o tratar de asegurar, aunque a veces forzándolo, el éxito de la pareja.
El último libro de Hernán Casciari, El nuevo paraíso de los tontos, recorre las más impensadas situaciones a partir de la experiencia de personas que probaron el poder de las redes sociales en las relaciones interpersonales, entre ellas, las amorosas. Desde la discusión por la tenencia de un fotolog cuando el amor se termina, pasando por el seguimiento online de los gustos del otro para asegurar la conquista, hasta la confección de un catálogo de mujeres según los criterios que uniformó Facebook (ver nota relacionada), la incursión de las redes en la pareja abarca un espacio amplio y, a veces, desconocido.
En su prólogo, el escritor (ver nota relacionada) no deja de sorprenderse de los efectos del uso de la tecnología en el mundo actual. "Hace quince años no sospechábamos que un historial mal cerrado del ordenador podía ser causa de divorcio, por ejemplo. Ni que podríamos comprar una parcela en la Luna por veinte euros. Ni que la fama se mediría en millones de visitas a YouTube. Y ahora nos está ocurriendo", señala.
Dentro de ese universo de emociones mediatizadas en la web quizás una encuentra un campo enorme para manifestarse: los celos. Seamos sinceros: ¿quién no ha espiado un listado de contactos, intentado revisar un buzón de entrada o mirado con odio una ventana de diálogo que se cierra ante su presencia? La posibilidad de alzarse con todos los secretos del otro quema en las manos cuando sólo está a la distancia de un click. Por la misma razón, seamos sinceros una vez más: ¿cuántos están dispuestos a darle a sus parejas la contraseña del mail? El silencio es una respuesta tan clara como inexorable.
La psicóloga Beatriz Goldberg aseguró que desde la masivización del uso de las redes sociales han crecido las consultas de parejas por celos o situaciones difíciles de explicar. "Ahora se revisa la cantidad de contactos, las fotos que se publican, se hurga por donde se pueda" afirmó. "Los problemas surgen cuando aparecen ex novias, compañeras de trabajo, cuando se descubren mensajes ocultos. Nunca falta quien desconoce el manejo de la web y comete un error como por ejemplo en el muro de Facebook, un mensaje privado", indicó. Goldberg compara la aparición de las redes sociales con el descubrimiento de la pólvora: en este aspecto las encuentra tan novedosas como potencialmente dañinas.
El periodista y especialista en tecnologías Leandro Zanoni coincide: "Conozco muchas parejas y personas que se conocieron a través de la web y también algunos casos de conflictos a raíz de SMS, Facebook y Twitter, etc. Por suerte no es mi caso, pero a veces alientan a los celos o a fantasmas que tal vez no existen -o sí-", señaló.
Las reglas clásicas de la seducción y las formas de vivir el amor cambiaron a partir de la incorporación de las redes sociales en la vida cotidiana. Tracy Page y Dana Hanna probablemente no sabían que, en pleno altar, estaban demostrándolo de una manera tan elocuente cuando, apenas después de que el reverendo los declaró marido y mujer, el novio sacó dos teléfonos celulares para que cada uno pudiera actualizar su perfil de Facebook. Él además twitteó que en ese mismo momento había dejado de ser soltero. "Los declaro marido y mujer. Ya es oficial en Facebook", bromeó el ministro (ver video relacionado).
"Las redes modificaron ciertas conductas, tanto a la hora de la conquista como también en una pareja ya consolidada" opinó Zanoni. "Antes de salir uno puede conocer fotos de la otra persona, sus contactos y amigos, su estilo de vida, leer su blog o sus tweets y hacerse una idea -aunque aproximada y muy inicial- de cómo es". Esas mismas posibilidades, advirtió, "nos obligan a tomar mayores recaudos para evitar situaciones embarazosas".
Nuria Calderón García, profesora de Psicología de las universidades Complutense de Madrid y Cardenal Cisneros, aseguró que "están contribuyendo a difuminar la línea de separación entre las relaciones analógicas y las digitales". "Se habla de los amigos de Facebook, que son personas a las que sólo se conoce de forma virtual pero esa relación puede ser tan intensa como la que mantiene con sus familiares o amigos en el mundo físico, dado que la comunicación puede ser inmediata y diaria", agregó.
Goldberg señaló que "existe un cambio psicológico en las comunidades en la forma de relacionarse". Es el caso de sitios como Facebook y Twitter que permiten el acercamiento a gente que de otra manera sería inaccesible. "Te enteras de los amigos de tus amigos, la red se acrecienta mucho, te abre un panorama muy grande" aseguró. No obstante relativizó el tipo de vínculo que puede establecerse. "No es tan comprometido como otro tipo de relación y ahí es cuando la gente aprovecha para cosas mínimas. Se improvisan los encuentros y las decisiones se toman hasta en conjunto".
Calderón García coincidió: "Nos acostumbramos a comunicar sentimientos, emociones, ideas, en tiempo real y, a la vez, de un modo resumido, lo que nos permite contar con una buena cantidad de información sobre nuestros contactos , como sus gustos e intereses, pero excesivamente fragmentada e inconexa".
Sobre este último punto, Zanoni es más crítico: "si las relaciones nacen y mueren en la web -como sucede muchas veces-, estamos frente a personas con serios problemas de socialización en el mundo offline".
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