"El observador se cree diferente a lo observado y por eso, juzga, opina, recuerda, compara, analiza, elige. Y en esa elección sobre lo que le gusta o disgusta al observador se genera todo conflicto: lo que tengo, lo que no tengo, lo que deseo pero no obtengo, lo que pudo haber sido, lo que debería ser, la frustración de una mente que desea poseer, y queda automáticamente poseída y prisionera de su propia irrealidad", analiza Claudio María Domínguez en Espiritualidad Práctica.
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