Medvédev destituyó al tercer hombre fuerte de la política rusa

El presidente ruso busca dar visibilidad a su lucha anticorrupción y convencer sobre su autoridad. Alegó "pérdida de confianza" por sospechas sobre el alcalde de Moscú, Yurki Luzhkov 

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Un decreto presidencial bastó para remover del cargo a Luzhkov, uno de los hombres más poderosos y discutidos de Rusia que estuvo al frente de la capital desde 1992. El veterano alcalde no cedió a las presiones del Kremlin para que renunciara -como sí lo hicieron otros funcionarios de primera línea- y regaló a Medvédev una oportunidad de exhibir pretendida firmeza que el mandatario no desaprovechó.

En las últimas semanas, los medios adictos al Kremlin dedicaron horas a los negocios multimillonarios de Yelena Baturina, esposa de Luzhkov y la mujer más rica de Rusia. Se la acusa de haber amasado su fortuna gracias a los favores hechos por la administración de su marido a su empresa, la desarrolladora inmobiliaria Ideko. Suficiente para justificar la pérdida de confianza que argumentó la presidencia.

Pero, aunque las sospechas de corrupción tengan fundamentos, los analistas coinciden en que la destitución tiene un trasfondo político más complejo. "El gobierno ruso necesita recuperar su verdadera autoridad", había desafiado Luzhkov. Medvédev intenta contrarrestar los maliciosos -pero no descabellados- comentarios de sectores de poder que abren dudas sobre su liderazgo y destacan, en cambio, el de Vladimir Putin. El alcalde de Moscú era, no casualmente, hombre de confianza del premier.

Medvédev también mira hacia las elecciones legislativas de 2011 y presidenciales de 2012. El despido de Luzhkov es un golpe de efecto que llevará a la tapa de los diarios su lucha contra la corrupción, una de las principales preocupaciones de los electores. Hace tiempo que el Kremlin lleva una campaña de remoción de dirigentes regionales en ese sentido.

Hasta 2004, los gobernadores provinciales y los alcaldes de Moscú y San Petersburgo eran electos por voto popular. Pero, por una reforma del entonces presidente Putin, pasaron a ser nombrados o cesanteados por el presidente. Apremiados por comprometedoras sospechas o denuncias, casi todos los dirigentes de la época de Boris Yetsin fueron pasados a retiro. Sólo Luzhkov quedaba en pie.

El cargo vacante ya desató una lucha política al interior del Kremlin. El partido Rusia Unida de Putin ya lo reclamó para sí y Boris Gryslov, presidente del Parlamento, anticipó que recomendará un candidato al presidente. Algunos analistas rusos consideran que Medvédev, por su parte, destituyó a Luzhkov para nombrar a alguien que le garantice una base de poder en Moscú, donde votan 7 millones de ciudadanos.

Un soviético en Rusia

La gestión de Luzkhov en Moscú resume las contradicciones de Rusia en la era post URSS. Gobernó la capital con un estilo soviético y autoritario, se valió con frecuencia de la represión policial para sofocar disidencias, controló los resortes judiciales en detrimento de la división de poderes, generó polémica con sus espectaculares homenajes a Joseph Stalin y la administración pública se envenenó de corrupción durante su mandato.

Pero, subido a la ola de los petrodólares, fue a la vez el mentor del esplendor capitalista de Moscú. La gris capital se convirtió en el centro económico y social del país. Modernizó su infraestructura y cambió su fisonomía, poblándola de negocios y restaurantes las 24 horas del día y fomentando el boom de la construcción. Aumentó las jubilaciones y los salarios, haciendo de la ciudad un destino atractivo para los rusos.

Su reemplazo al frente de la capital es un evento histórico. Luzhkov era el tercer hombre fuerte de la política rusa... o acaso el segundo.