Psiquiatras venezolanos analizan a Chávez y aseguran que carece de escrúpulos

Mitómano, megalómano, fabulador, compulsivo, narcisista, carismático, seductor, envidioso y carente de escrúpulos, entre algunos de los rasgos que psiquiatras venezolanos atribuyen a Hugo Chávez

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 AP 162
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Pese a que ningún otro presidente constitucional anterior estuvo más de diez años en el poder, él ya va camino de presentarse en las presidenciales de 2012. El mismo Chávez dirige la campaña electoral de las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo 26 de septiembre, por más que las normas legales se lo prohíban.

Justamente por transgredir las normas establecidas -como encabezar la campaña de sus candidatos a diputados, abusar de los recursos del Estado y convertir las elecciones legislativas en un plebiscito- es otro de sus marcados rasgos de personalidad resaltados por los especialistas consultados: la necesidad de llamar la atención.

"Es una persona que necesita de constante admiración; muestra preocupación por sus fantasías de poder, parece desconocer el sentido del límite, no tiene noción de lo que es proporción, se cree especial o único, no hay institución que merezca su respeto y requiere de admiración excesiva y siempre públicamente", sostiene la psicóloga y psicoterapeuta María Bustamante.

Que Hugo Chávez sea amante de las estrellas de Hollywood como Oliver Stone, Sean Penn y Danny Glover, no es casual. Se codea con ellos casi como si estuviera entre colegas de una misma profesión: la del político-actor.

En la Academia Militar siempre estuvo en los últimos lugares de la promoción. Fue reprobado en el curso de Estado Mayor. Tuvo que repetir el año para poder graduarse. Y sólo lo consiguió gracias a las influencias de su padre con el ex presidente Rafael Caldera.

La psicóloga Bustamante destaca el carácter del caudillo. "Crea expectativas irracionales para ser tratado como alguien especial a quien se le debe ciega obediencia. Convierte en despreciables adversarios a todos los que piensan distinto a él y casi siempre habla desde una posición altiva y en tono majestuoso. Es envidioso -y siente que otros lo envidian- y tiene actitudes arrogantes, soberbias y altivas", sentencia.

Señala además cómo el presidente venezolano "despliega expresiones cambiantes y muy superficiales, usa la apariencia física o el atuendo para llamar la atención y tiene un estilo de discurso excesivamente expresionista".

Por otra parte, el profesor de Psicoanálisis y Psicoterapia de la Universidad Central de Venezuela, Eloy Silvio Pomenta, explica que, en una persona corriente, un carácter marcado por el narcisismo no tiene por qué causar gran trastorno social. Pero "cuando se trata del jefe de Estado de un importante país petrolero, que posee además altas capacidades de seducción y manipulación de masas, que posee su pequeña corte intelectual y que atrae a líderes políticos y económicos que acuden a él con fines lucrativos, entonces las repercusiones pueden llegar a ser catastróficas".

Pomenta menciona ocho rasgos del trastorno de personalidad narcisista que padece Chávez: grandiosidad, exhibicionismo, sensación de omnipotencia, fragilidad de la autoestima (con crisis depresivas), incapacidad de amar (como toda la carga afectiva está concentrada en el propio ego, no hay disponibilidad afectiva para los demás), desenfoque de la realidad, cólera y envidia destructiva de cuanto no está a su alcance.

Según el médico psiquiatra Luis José Uzcátegui, autor de "Chávez el mago de las emociones", el mandatario "se ha entrampado en una estructura psicológica totalmente caduca: me refiero a Fidel Castro que es algo catastrófico. Ningún país puede funcionar con esquemas tan atrasados".

El ex presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, SVP, Franzel Delgado SeniorFranzel acusa a Chávez de dirigir una especie de secta, "un movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y controlar; diseñadas para lograr las metas del líder". Y concluye: "Los psicópatas le temen mucho a las acciones contra su persona. Hablan de magnicidios. No les gusta que lo llamen dictador. Pero yo al nuestro no le veo un final democrático. Lo veo como a cualquier otro dictador".