JFK, amante insaciable

En su libro Un adúltero americano, Jed Mercurio retrata al ex presidente de EEUU como un mujeriego que desesperaba si no tenía relaciones con mujeres. "No era un buen amante, sólo quería aliviarse"

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El estado de ánimo del hombre más influyente del mundo, y con él la suerte política de la primera potencia mundial, dependía de los encuentros íntimos del presidente. John Fitzgerald Kennedy era un "santo en la vida pública", pero un adicto al sexo y un mujeriego en su alcoba.



Así lo describe el escritor Jed Mercurio en su libro Un adúltero americano, publicado en estos días por la editorial Anagrama. "Nuestro hombre es un ciudadano americano que ocupa un alto cargo en el gobierno, casado y padre de familia, que opina que la monogamia rara vez ha sido el acicate de un gran hombre", resume Mercurio en las primeras páginas.



En una entrevista con el diario español El País, el autor amplió la idea. "Si Kennedy no tenía sexo se deprimía. Se había acostumbrado de tal manera a la idea de que el sexo era lo que lo relajaba, que ciertamente le relajaba. Pero la cantidad de sexo que practicaba, el número de mujeres con las que lo hacía, va mucho más allá de lo racional, de la cuestión terapéutica. Creo que simplemente le gustaba".



Una anécdota incluida en el libro muestra hasta qué punto Kennedy necesitaba ir acopañado a la cama. Al parecer, en una oportunidad le confesó al premier británico Harold McMillan que si pasaba más de tres días sin acostarse con una mujer le agarraban unos tremendos ataques de migraña.



Pero su adicción al sexo no garantizaba que fuera bueno para practicarlo. "Muchas de sus parejas dijeron que no estaba interesado en las técnicas amatorias. No era un buen amante, era muy egoísta. Le interesaba aliviarse rápidamente y nada más. Hay una cita de la actriz Angie Dickinson que lo cifraba en 20 segundos", aclaró Mercurio.



En la presentación del libro, el autor hizo énfasis en que la obra no es una biografía sino un relato sobre hechos reales novelados. Reconoció, de hecho, que deliberadamente hizo el retrato "más positivo de él como presidente" para aumentar el contraste con su vida privada.



En ese juego se cruzan, capítulo a capítulo, sucesos políticos como la guerra de misiles con Cuba y sus intimidades en el dormitorio.



Mercurio también muestra a Kennedy como un hombre atormentado por enfermedades y dolencias, aunque con una soprendente capacidad para sobreponerse a ellas. Prostatitis, osteoporosis, rinitis, infecciones cutáneas, enfermedad de Addison y problemas de espalda son algunos de los problemas de salud que el escritor aborda apoyándose en su pasado profesional como médico.



Sobre las mujeres de JFK, Mercurio sostiene que su única relación importante fue con Jackie, su esposa durante diez años, a la que engañaba con regularidad. Respecto de su famosa relación con Marilyn Monroe, el escritor afirma que "nadie sabe exactamente qué ocurrió en verdad" y recomienda leer el libro.



Mercurio estima que "a Clinton le hubiera gustado vivir en la época de Kennedy", cuando la prensa no iba más allá de la vida pública de los funcionarios del Estado. "Pero a él lo cazaron".