Un grupo de veinte gitanos, dirigidos por el pastor Juan Nicolichi, llegaron el martes al Campamento Esperanza y montaron una carpa zíngara, con el objetivo de permanecer cerca de los familiares de los mineros para transmitirle su alegría através de sus bailes y comidas típicas.
"Aquí estamos, dando lo mejor para compartir todo lo que tenemos con esta pobre gente, como nosotros", relató Yanco, uno de los integrantes del campamento gitano.
Varios de ellos pertenecen a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y montaron un comedor donde quien se acerque podrá disfrutar de comidas típicas de la etnia.
En la mina San Jorge, el aire se llena del aroma de los "niños envueltos", un plato típico de las bodas gitanas, consistente en una hoja de repollo rellena de carne, arroz, verduras y huevo.
Mario Betancourt, coordinador de las diez familias gitanas, expresó estar conmovido por lo que sucedió en el yacimiento: "Nos sentimos solidarizados con lo que le ha pasado a nuestros hermanos mineros. Allá donde un hermano sufre estamos nosotros. Hemos orado por ellos y también por sus familias, para que no se desesperen".
En Chile viven más de 7 mil gitanos a los que, según Betancourt, se les discrimina igual que en el resto del mundo. "En todos los lugares nos pasa lo mismo, pero nuestra fe en Dios, la Biblia y el creer más en él que el propio hombre nos hace felices y respetuosos con el prójimo".
Mientras los camiones cargados de material para las tareas continúan llegando al lugar y los mineros acceden a bebidas energéticas, los sonidos del flamenco se escuchan en la carpa zíngara donde los gitanos comienzan a bailar.