Son jóvenes que rondan los veinte años, extranjeros en su mayoría y "con una importante concentración de alcohol en sangre", según constatan los médicos de los hospitales.
El fenómeno del balconing se repite año tras año en las Baleares con consecuencias fatales. Solamente este verano 30 jóvenes se cayeron desde balcones de alojamientos turísticos.
El balconing también tiene otra variante. Usar el balcón como trampolín para saltar a la piscina. A pesar de los obvios riesgos, en esta modalidad no hay víctimas fatales.
Desde las asociaciones hoteleras de las zonas afectadas aseguran que el problema, al menos en términos legales, está solucionado.
"Los operadores turísticos son muy estrictos en este punto, y todos los hoteles han adaptado las medidas de seguridad, tales como las barandillas de los balcones, a la legislación vigente".