Tres años antes de ser ahorcado, Saddam Hussein fue un preso más en la cárcel de Camp Cropper, al oeste de Bagdad.
La prisión que ahora quedará bajo el control de las autoridades iraquíes -sostenidas por los EEUU- fue construída apenas el ejército estadounidense ocupó Irak, para alojar a la primera plana del gobierno derrocado y más tarde al propio Hussein, capturado en noviembre de 2003.
Hasta hoy, Camp Cropper era el último centro penitenciario bajo mando estadounidense en Irak. Fue traspasada al gobierno local, con sus 1.700 presos, en el marco de la retirada y fin de la guerra que dispuso Barack Obama cuando asumió como presidente.
Sin embargo, el comandante de las tropas estadounidenses, Ray Odierno, aclaró que su país retendrá su control de 200 prisioneros, incluidos miembros del gobierno de Saddam Hussein que ya fueron condenados a muerte y algunos integrantes de Al Qaeda en Medio Oriente.
Durante la ceremonia oficial de traspaso fue ineludible para los jerarcas militares estadounidenses e iraquíes el recuerdo del escándalo de Abu Ghraib, la cárcel donde -según se supo por fotos reveladas en 2004- los presos eran desnudados, encapuchados, golpeados y humillados sexualmente por los soldados de los EEUU.
Odierno se refirió al tema. "Abu Ghraib fue una lección que nos mostró que no estábamos preparados para manejar a grandes masas de detenidos cuando iniciamos esta operación en 2003", reconoció. "Cometimos algunos errores al creer que sería como la Tormenta del Desierto y que nos limitaríamos a prisioneros de guerra durante algún tiempo", agregó.
En una autocrítica poco habitual en mandos militares, concluyó que "no anticipamos correctamente una lucha antiguerrillera que nos obligaría a manejar una cantidad superior de detenidos. En realidad, nosotros no estábamos entrenados ni preparados para hacerlo. Y finalmente tuvimos algunos problemas significativos".
A diferencia de otros ex funcionarios iraquíes, Tariq Aziz, ministro de Finanzas de Hussein y la cara visible para Occidente del régimen, sí fue entregado a Irak y transferido a otra prisión. Fue sentenciado a 15 años de cárcel por su rol en la ejecución de iraquíes cuando el país estaba bajo sanciones internacionales en los años noventa.
El abogado de Aziz reveló que su cliente teme por su vida ahora que está en manos del gobierno iraquí. "Tengo que verte, vení a visitarme a la cárcel. Hay cosas importantes que te quiero decir. Creo que me van a matar", le dijo por teléfono.