El distanciamiento de Clara Rojas, la fiel asistente que eligió permanecer junto a ella en la selva en el momento del secuestro en febrero de 2002, y la frialdad que mostró luego ante su esposo, Juan Carlos Lecomte, incansable en el reclamo por su libertad, fueron los primeros elementos que opacaron la imagen de la ex rehén franco-colombiana, Ingrid Betancourt, después de su rescate.
Pero esas actitudes podían aún ser vistas como resultado de los celos o del desamor.
Hasta que los ex rehenes estadounidenses decidieron revelar detalles de lo vivido en esos largos años de cautiverio en la selva. Según ellos, Ingrid había sido egoísta y manipuladora con los que compartían su suerte en manos de la guerrilla.
Ella "es una persona a la que le gusta controlar y manipular y eso en cautiverio es una cosa muy difícil", afirmó, por ejemplo, Thomas Howes, uno de los tres estadounidenses secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que también la definió como "una persona interesada en ella misma".
De acuerdo con el relato de Howes, Betancourt llegó al extremo de "no querer compartir la comida en partes iguales". El ex rehén reconoció sin embargo que Ingrid era "una persona carismática, inteligente, muy divertida", aunque tenía ese otro lado que "puede llegar a ser desagradable".
Howes había sido secuestrado en febrero de 2003, cuando las FARC derribaron la avioneta en la que realizaba una misión antidrogas junto a dos compatriotas, Keith Stansell y Marc Gonsalves.
Ayudados por el escritor Gary Brozek, Howes y sus compañeros volcaron las peripecias de 1.967 días de secuestro en un libro, "Out of Captivity" (Fuera del cautiverio). En él, describen a sus captores como "una banda variopinta de adolescentes idealistas con el cerebro lavado y curtidos veteranos conscientes de que de la guerrilla solamente se sale en una bolsa funeraria".
También cuentan detalles sobre su vida en la jungla, las veces que estuvieron a punto de morir bajo fuego cruzado, los maltratos padecidos, las largas y agotadoras marchas, las enfermedades tropicales y, finalmente, las relaciones de amor-odio con otros rehenes durante esos cinco años y medio.
Precisamente, en el capítulo sobre las "a menudo tensas relaciones con los otros secuestrados colombianos" queda reflejada la antipatía que dos de ellos, Howes y Stansell, sentían hacia Ingrid Betancourt, pero también referencias a un romance entre Ingrid y otro rehén, el senador colombiano Luis Eladio Pérez.
Los tres contratistas estadounidenses secuestrados describen las relaciones entre los rehenes en el campamento de las FARC como las de "gente compitiendo por el control" y "juegos pequeños de poder" en los cuales el "egoísmo y el orgullo arrogante" eran los principales rasgos de carácter que exhibía Betancourt.
Relatan también que, cuando ellos llegaron al campamento, Ingrid los recibió con gran frialdad y se negó, en una pose ideológica absurda considerando la situación en la cual se encontraban, a compartir el cautiverio con ellos. "Ingrid envió notas a (el jefe rebelde) Sombra diciéndole que éramos agentes de la CIA y que quería que nos fuéramos del lugar por esa razón", relatan Howes, Gonsalves y Stansell.