Durante casi un año, uno de los mayordomos de Lilliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia, sirvió el té, recogió la mesa con una pequeña grabadora escondida en la chaqueta, y registró muchas horas de conversaciones privadas, que amenazan con desestabilizar al gobierno de Nicolas Sarkozy.
Florence Woerth, la esposa del ministro de Trabajo, Éric Woerth, trabajaba como asesora económica de la millonaria de la que además se supo (gracias al mayordomo) que escondía en Suiza varias cuentas oscuras sin declarar y que poseía nada menos que una isla en las Seychelles. La mujer de Woerth ya renunció, pero da la impresión de que esto recién empieza...
La nota completa, en El País.com.
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