Los sudafricanos creyeron en el milagro, pero la fe en lo imposible dejó finalmente paso a una resignación orgullosa en las calles del país organizador del Mundial de fútbol.
Luego de la primera etapa, en la que Sudáfrica derrotaba en Bloemfontein por 2-0 al campeón del mundo de 1998, en el último partido del Grupo A, y mientras se enteraban de la victoria parcial de los uruguayos ante México en Rustenburg, los anfitriones creían en su posible clasificación a los Octavos de final: estaban a dos goles de concretarla.
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Sin embargo, de nada sirvió la victoria final por 2-1 que eliminó a la selección local por diferencia de goles, convirtiéndola en la primera organizadora de un Mundial en caer en una primera ronda en la historia de la competición. Los sudafricanos tomaron el triunfo ante Francia como una mera cuestión de orgullo.
"Todo el país está orgulloso de ustedes", dijo el presidente sudafricano, Jacob Zuma, a los jugadores. "Sería fantástico si logran clasificarse para el próximo Mundial, en Brasil". Tras la eliminación, cientos de miles de fans regresaron a sus casas con las banderas al hombro y las vuvuzelas en la mano, pero sin reproches y con una sonrisa siempre presta en el rostro.
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Los Bafana Bafana "ganaron el corazón y la mente de los sudafricanos y de la gente de todo el mundo", aseguró poco después de la eliminación el director ejecutivo del comité organizador, Danny Jordaan. Jordaan lanzó un mensaje a sus compatriotas: "Llenen las calles, llenen los estadios... hagan de este Mundial el mejor de la historia".