El fútbol, con el correr del tiempo, fue manipulado para distintas cuestiones. Está claro que además de un deporte, los negocios económicos, políticos y sociales, tornan alrededor de él, ejerciendo presiones desde distintos lados. En Italia 1934, quizás, se dio el origen sobre este hecho, con Benito Mussolini, el líder fascista de aquel país, como el abanderado de una Copa del Mundo que ya tenía dueño antes de jugarla.
Luego del campeonato en Uruguay, en 1930, llegaba el turno de Europa. Italia fue el país elegido para la organización, con la presión de Mussolini sobre la FIFA para utilizar al deporte como propaganda de su régimen fascista. Los manejos turbios venían de aquellas épocas, pero vayamos de a poco.
En 1932, Suecia, misteriosamente, se bajó de la candidatura, por lo que Italia quedó con el camino libre para ser el anfitrión. Uruguay se oponía a la competencia por boicot ? Italia no quiso ir a su Mundial- mientras que Argentina y Brasil optaron el mismo camino. Pero hubo algo en el medio que despertó las sospechas.
Como había 32 selecciones que querían disputar el Mundial, la FIFA optó por una clasificación. Argentina y Brasil debía hacerlo ante Chile y Perú. Tanto los argentinos como los brasileños no querían participar de la Copa y se bajaron del repechaje, pero la máxima Federación del fútbol hizo todo lo contrario. Desclasificó a chilenos y peruanos ?por la no presentación a los partidos que no serían jugados- y acomodó a Argentina y Brasil en el Mundial.
La delegación argentina partió al campeonato con futbolistas amateurs y entrenados por el italiano Felipe Pascucci, ya que la Liga Profesional, quien no estaba afiliada a la FIFA, no quiso mandar a sus jugadores. Así fue como el 27 de mayo de 1934, la pelota comenzaba a rodar y se inauguraba el segundo Mundial de fútbol.
Como modalidad, se jugaba a partir de los octavos de final, con 16 equipos en total: el organizador, Argentina, Brasil, Checoslovaquia, España, Alemania, Austria, Hungría, Suiza, Suecia, Francia, Holanda, Rumania, Bélgica, Egipto y Estados Unidos.
El debut marcó una tendencia. Italia, apelando al juego brusco y a una potencia física destellante, vapuleó 7-1 a Estados Unidos, con cuatro argentinos en su plantel: Luis Monti ?quien cuatro años atrás había disputado la final del Mundial con Argentina- Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría.
Ese mismo día, en el estadio Stadio del Littoriale de Bologna y ante 19 mil espectadores, Argentina caía 3-2 ante Suecia y le ponía fin a su estadía. El conjunto argentino se había puesto en ventaja por medio de Ernesto Belis, a los 3 minutos de juego. A los 9 empató Jonasson, mientras que Argentina desnivelaba el marcador gracias a Alberto Galateo, sobre los 5 del complemento. Pero el estado físico sueco fue demasiado para el conjunto albiceleste. Otra vez Jonasson, a los 22, y Kroon, a los 35, sentenciaban el marcador.
Con potencias como Uruguay mirando el torneo desde afuera, Italia se acomodó fácilmente como el gran candidato, no sólo por eso, sino por las constantes presiones ejercidas desde la dictadura de Mussolini.
En cuartos de final, los italianos se midieron ante España, que venía de vencer 3-1 a Brasil. El encuentro se jugó el 31 de mayo, en el estadio Giovanni Berta de Florencia, ante poco más de 35 mil personas. El choque finalizó 1-1 con goles de Luis Regueiro (30 PT) para España y Giovanni Ferrari (44) para Italia.
La parda destinó a jugar un partido desempate, tal como lo aseveraba el reglamento del torneo, el cual se jugó, increíblemente, al día siguiente en el mismo recinto. Los españoles acumulaban una sensible cantidad de bajas por el excesivo juego brusco de los azurros. Los italianos aprovecharon las ausencias de categoría en su rival y ganaron 1-0, con tanto de Giuseppe Meazza a los 11 minutos de juego.
En semifinales, Checoslovaquia enfrentaba a Alemania e Italia hacia lo propio ante Austria. Los checos venían de dejar afuera a Suiza (3-2), mientras que los alemanes fueron los verdugos de Suecia (2-1). Con tres goles de Oldřich Nejedlý, Checoslovaquia venció 3-1 a los alemanes y se metía en la final. En tanto, los dirigidos por Vittorio Pozzo, le ganaron a los austriacos 1-0, tanto de Enrico Guaita, y también llegaban a la definición.
En un Stadio Nazionale PNF de Roma totalmente colmado con 50 mil espectadores, Italia derrotó 2-1 a los checos y se alzó con la Copa. Antonín Puc, a quince del final, enmudecía a todos los italianos, pero Raimundo Orsi, seis minutos más tarde, y Angelo Schiavio, a los cinco del alargue, le daban el triunfo a "La Azurra".
Luego, se supo que los italianos jugaron el partido ante una detestable presión. Antes de comenzar el partido, Mussolini se presentó en el vestuario y le advirtió al entrenador Pozzo: "Que Dios lo ayude si llega a fracasar". Esa frase fue y será tan recordada como la que el propio fascista le dedicó a sus jugadores: "Vencer o morir".
Así se iba el primero de los Mundiales marcados por la propaganda política, con la cercanía de la guerra respirándole en la nuca.
El próximo viernes, Francia 1938, el Mundial que Italia ganó en el césped.