Cancún, entre los tesoros del caribe

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"Relánjense, están en Cancún". Es la frase que se repite frente a las diversas inquietudes de los turistas: ¿es seguro dejar mis cosas en la playa?; ¿viajar a la noche en el bus es peligroso?; ¿qué tipo de vestimenta y calzado requiere cada excusión? La respuesta a las inquietudes de los viajeros siempre es sencilla: "Está todo pensado para el relax y la diversión".

Tras varios años en lo que fue casi imposible recuperar a los más de 3,5 millones de turistas que elegían anualmente vacacionar en Cancún, este año todo indica que el objetivo podrá cumplirse.

La caída de la zona comenzó en el 2005, luego del huracán Wilma. Fue un antes y un después para el destino turístico que permaneció más de ocho meses cerrado para su reconstrucción. "Fue horrible, no es la primera vez que vemos pasar un huracán, pero en aquella oportunidad se estacionó en nuestra playa por tres días. Destrozó cuanto pudo y la inundación terminó con lo poco que quedaba", recuerdan los empleados del hotel Westin Cancún, sitio declarado como refugio por las autoridades locales en situaciones de emergencia.

"Con mi marido decidimos tomar el auto e irnos, manejamos horas y horas y minutos antes de llegar a una ciudad donde pensábamos estar a salvo nos llaman para alertarnos que siguiéramos en la ruta porque estaba devastado también en ese sitio. Fue así como manejamos más de 18 horas", relata una de las responsables de atención al cliente del hotel.

Por su parte Roger, de la oficina de turismo local, no deja de aclarar: "No hubo fatalidades, es bueno que se recuerde que ni un muerto hubo. Más de 400 mil perosnas fueron evacuadas a tiempo".

La reconstrucción de la zona turística requirió una inversión de 200 millones de dólares solo para recuperar las playas. El gobierno contrató barcos-grúas que navegaban mar adentro para traer arena y descargarla en la playa. Es así como hoy se pueden disfrutar de más de 80 metros de arena blanca y miles de restos de caracoles que con ella llegaron hasta la orilla. Producto de la reconstrucción es que se puede apreciar un pequeño paredón de arena donde las olas rompen para lentamente recuperar la fisonomía de la playa (ver Galería de imágenes).

También las compañías de seguros pagaron millones de dólares para levantar los hoteles destruidos, y en otros casos demoler las ruinas y comenzar de cero. Éste fue el destino del Sheraton que hoy es The Westin Lagunamar.

Superado el huracán Wilma, Cancún tuvo que hacer frente a la crisis económica de los EEUU, ya que el 70% del turismo que allí llega año tras año es de origen norteamericano. Y luego llegó la debacle de la gripe A. Es por eso que recién este año volverán a estar a pleno, en coincidencia con el 40º aniversario de la fundación de la ciudad.

Cancún se creó -literalmente- en 1970. El lugar era una isla virgen, rocosa y con escasa población; en solo 40 años se convirtió en una ciudad donde radican más de 500 mil habitantes y una zona turística con más de 28 mil habitaciones distribuidas en 146 hoteles.

La ciudad se ideó por la necesidad del gobierno y de los bancos mexicanos de divisas que se destinarían a la industria, y el objetivo se cumplió: Cancún recibe hoy el 50% de las divisas que ingresan a todo México, convirtiéndose en la segunda fuerza económica del país luego de la industria petrolera.

El gasto promedio de los 3,5 millones de turistas que llegan anualmente es de 1.300 dólares por persona, en estadías que no superan los cuatro días.

Durante la década del '80 Cancún era famosa por los viajes de egresados de los estudiantes norteamericanos, conocidos como spring break. Años más tarde, el target cambió por viajeros de entre 30 y 40 años que optaban por paquetes all inclusive. Hoy la apuesta es la familia joven de entre 35 y 47 años que no quiere permanecer encerrada en un hotel. Es por eso que los responsables de la política turística apuestan a promocionar "los tesoros del caribe".

¿Cuáles son los tesoros?
Ruinas en medio de la ciudad, como la denominada El Rey; el nado con delfines en la Isla Mujeres -una experiencia tan increíble que merece una nota aparte-; la reserva ecológica de aves en la isla Contoy; Cozumel, el segundo arrecife más grande del mundo después del de Australia; y la vista a los cenotes, cuevas con piletas inmensas con agua dulce de la cual se proveen los habitantes del lugar.

Las ruinas El Rey tienen vestigios de edificios mayas del 1800 que se pueden recorrer junto al guía Carlos Muñoz, quien cuenta historias sobre cómo a los niños se le realizaba la deformación craneana -con un tablón delante y otro detrás de la cabeza para aplastarla, como sinónimo de sabiduría y belleza- o detalles de las más de 8.000 ciudades mayas que aún no fueron abiertas al público.

Capítulo aparte merece la reserva ecológica de la isla Contoy, donde se pueden apreciar cientos de variedades de aves, ya que es un refugio natural para ellas. Las corrientes marinas favorecen la formación de plancton en la zona, alimento preferido de las sardinas; y estas últimas, las elegidas por las aves. Además no hay agua dulce, con los cual no residen allí mamíferos, depredadores naturales de las aves. "Todo favorece a que sólo ellas vivan ahí", explica el biólogo Juan José Cadenas.

Samanta, una inmensa raya, es la encargada de dar la bienvenida a quienes a diario viajan más de hora y media en barco para llegar a Contoy, donde no hay electricidad, solo viven allí los guardaparques y en temporada acampan los pescadores. Las pequeñas instalaciones están abastecidas por paneles solares y por día sólo pueden llegar unas de 200 personas. Todas ellas llevan su comida y luego retiran del lugar los restos, para preservar la virginidad del ambiente.

La noche
Si bien el día comienza muy temprano, amanece cerca de las 6:00 am y muchas de las excursiones pueden realizarse desde las 8:00 am, son pocos los que se pierden la noche de Cancún.

La oferta gastronómica es enorme, abarca desde restaurantes con vista a la laguna -donde la especialidad es la langosta- hasta locales de comida rápida con el toque mexicano. Entre los recomendados figuran los cuatro establecimientos que tiene el chef canadiense John Gray, quien comenzó su carrera como lavaplatos y hoy hasta ofrece su propio vino que comercializa a 60 dólares la botella.

Pero la noche no termina sin pasar un rato por Coco Bongo, una disco que abre cerca de las 23:00 con diferentes show musicales y cierra después de horas de baile, casi con la llegada del amanecer, y así... todo vuelve a comenzar.