, pero está decidida a duplicar esa cifra para convertirse en la mujer más gorda del mundo.
Su enorme corpulencia evita que pueda moverse con facilidad, al punto de que se ha visto obligada a utilizar un scooter para poder ir a hacer las compras. Pero, a pesar de todo, insiste en que su salud está bien.
Para alcanzar su objetivo,
?Yo amo comer, y la gente ama verme comer?, dijo Simpson según la página web de Daily Mail. ?Hace a la gente feliz, y no estoy haciendo daño a nadie?.
El problema de sobrepeso de Donna empezó desde muy temprano. Su madre la alimentó y a sus hermanos con abundante comida, y a los nueves años alcanzó 82 kilos de peso.
?El alimento era su modo de decirnos que nos amaba. Ella quiso que nosotros comiéramos, y ella nos protegía mucho?, dijo Simpson citada por el matutino británico.
Pero, con el paso con los años, Donna empezó a sentir un remordimiento a causa de su figura y recurrió a píldoras para bajar de peso. ?Haciendo dieta solamente me he hecho miserable, porque yo pensaba en el alimento todo el tiempo? contó.
Donna abandonó la escuela y consiguió un trabajo de escritorio. Ya no tuvo necesidad de lidiar con las críticas de mujeres esbeltas, y su cuerpo empezó a ensancharse nuevamente. ?Me sentí mucho mejor cuando volvió mi peso?, contó.
Cuando cumplió los 19 años, Donna conoció el amor por primera vez y se casó, irónicamente, con el dueño del un restaurante cuyo platillo principal eran los filetes.
Pero el feliz romance llegó a su fin cuando Donna alcanzó los 27 años y los 158 kilos. El rompimiento le dejó un terrible sinsabor que solo menguaba con más comida en su estómago.
Con 31 años y 273 kilos encima, Donna pensó en había llegado el momento para corregir su problema de obesidad, pero algo la hizo desistir. Una amiga suya se sometió a una operación similar y murió en el quirófano. Desde entonces ella no quiere saber nada de operaciones.