Según Survival International, una entidad no gubernamental basada en Londres, la miembro más antigua de los Akuntsu, Ururú, murió a una edad calculada en 79 años después de presenciar el genocidio que sufrió el grupo por la invasión de sus tierras de parte de ganaderos en el remoto estado amazónico de Rondonia.
"Ururú fue testigo del genocidio de su pueblo y de la destrucción de su hogar en el bosque lluvioso, cuando ganaderos y sus pistoleros invadieron tierras indígenas en Rondonia", según el comunicado de Survival International.
El Instituto Socioambiental, una organización brasileña, señaló que los Akuntsu vivieron a mediados de la década de 1980 su último gran conflicto con los invasores blancos.
Sin embargo, la muerte de Ururú dejó a la pequeña comunidad sin gran parte de su memoria histórica y quizás no se pueda conocer la magnitud de los "horrores" que vivió la comunidad con la invasión ganadera.
La comunidad vive actualmente en un territorio demarcado por el gobierno y protegido por Funai para evitar nuevas invasiones.
"Con la muerte de Ururú estamos presenciando las etapas finales de un genocidio del siglo XXI. A diferencia de las matanzas masivas de la Alemania nazi o Ruanda, los genocidios de pueblos indígenas ocurren en rincones ocultos del mundo y escapan al escrutinio y condena públicas", comentó Stephen Corry, director de Survival International.
Sobreviven en el grupo dos hombres de 70 y 40 años, respectivamente, y tres mujeres con edades de entre 23 y 34 años.