"No tenga miedo de perder su virginidad", proclama en su web en la que anuncia el "himen de la virginidad artificial". Gracias a él "podrá vivir de nuevo su noche de bodas cuando quiera".
Este invento japonés comercializado por Gigimo se introduce en la vagina veinte minutos antes de la relación sexual para darle tiempo a dilatarse. "
", concluye.
El marido podrá así exhibir la sábana blanca con las manchas rojas que demuestran la virginidad de su esposa. Gigimo precisa que la membrana artificial y el líquido "no son tóxicas ni tienen efectos secundarios".
En las sociedades musulmanes conservadoras sí los ha tenido. Los Hermanos Musulmanes, un movimiento islamista que copa la cuarta parte de los escaños del Parlamento, y buen un puñado de teólogos e imanes se han movilizado en Egipto para que se prohíba el "kit". Por ahora no lo han conseguido.
El primero en disparar en El Cairo fue, según la cadena televisiva Al Arabiya , Abdel-Moati Bayoumi, del Centro de Investigación Islámica. Emitió una fátua (edito islámico) que condena a los importadores porque "expanden el vicio y animan a las chicas a mantener relaciones ilícitas al saber que pueden "recuperar" su virginidad".
Más contundente aún el iman Yussef al Badri exige que aquellos que "vendan el himen artificial sean azotados, encarcelados o expulsados del país para que nadie se atreva a seguir su ejemplo".
Rafia Zakaria , una filósofa paquistaní que dirige desde EE UU de la Fundación Musulmana de Defensa Jurídica de las Mujeres, lamenta que "se perpetúe el mito de que las mujeres que no son vírgenes son hasta cierto punto sucias, impuras y no válidas para el matrimonio".
Además, "
", recalca en una tribuna de opinión en el diario
de Pakistán . A ellos no se les exige esa misma abstinencia sexual.