El comisario Néstor Roncaglia, a cargo del allanamiento más importante realizado ayer, confirmó los puntos de contacto entre los medicamentos "truchos" encontrados y el lote de la droga Yectafer Sorbitex que dio muerte a Verónica Díaz en 2004.
Según el funcionario policial, en la calle Salado 3975 de la localidad bonaerense de Laferrere se decomisaron unas cien bolsas y tachos con precursores químicos almacenados en forma clandestina, sin las medidas de seguridad necesarias y sin la documentación que avalara su procedencia.
Los investigadores aseguraron que hay coincidencia entre la lista de precursores y medicamentos hallados y los componentes del lote 03100718 de la droga Yectafer Sorbitex que, en 2004, llevó a la muerte de Díaz y de otras cuatro personas, y a afectar la salud de treinta más.
Aquellas ampollas contenían cianuro de sodio (un químico de uso industrial), ácido sulfúrico, anhídrido acético (ambos de compra libre en ferreterías) y cloroformo, entre otros elementos. Y todos estos precursores químicos, utilizados básicamente para la fabricación de medicación, también se encontraron en esa vivienda del Conurbano.
Roncaglia explicó que la causa por la falsificación de Yectafer es "paralela a la que también lleva Oyarbide respecto de los medicamentos adulterados", informó un matutino porteño. Aunque no habría mucha conexión entre ambas para el funcionario, las dos formarían parte de una especie de "megacausa" de la "mafia de los medicamentos".
Verónica Díaz falleció el 23 de diciembre de 2004 a causa de una falla hepática. Estaba embarazada y seguía un tratamiento por anemia en el Hospital Artímidez Zatti de la ciudad rionegrina de Viedma. Le aplicaban la droga Yectafer complex, muy común para combatir el bajo nivel de hierro en el embarazo.
El 19 de diciembre de ese año había terminado de aplicarse el medicamento. Inmediatamente comenzó con vómitos y pérdida de conocimiento. Fue trasladada de urgencia al Hospital Eva Perón de San Martín, Buenos Aires, sin ningún diagnóstico firme más allá de la anemia. Falleció cuatro días después.
Las investigaciones descubrieron que otras ocho mujeres rionegrinas, dos de ellas embarazadas, habían sido intoxicadas con esta droga en el mismo hospital. Ese centro de salud había recibido una partida de 100 cajas de Yectafer, de diez ampollas cada una, que formaban parte de una partida de 300 envases. El resto se encontraba diseminado por el país, y por dos años causó la muerte de otras cuatro personas.
En todas las oportunidades, uno de los eslabones de la cadena de compra de los productos fue un comercio "fantasma". En el caso de Díaz, el hospital de Viedma había comprado el medicamento a la droguería Gavazza, de Bahía Blanca, quien a su vez lo adquirió de la bonaerense Quimbel. Las investigaciones descubrieron que esta última contaba con boletas de compra de la droga a un laboratorio inexistente.
Por la muerte de esta embarazada rionegrina están procesados Santiago Lucio Gavazza, dueño de la droguería de Bahía Blanca, y Santiago Pacayut, quien en ese momento era director del hospital Zatti. Ambos están imputados como coautores responsables del delito de tráfico culposo de medicamentos peligrosos para la salud, y aguardan en libertad el juicio. Hay también otros quince acusados.