"Traté de formalizar una entrevista con usted a través del distribuidor noruego de su película. ¿Y sabe qué me dijo? 'Es muy caro tener a Michael Moore, cuesta 2.000 euros".
A la pregunta de un periodista freelance noruego siguieron algunas risas y el chiste del propio Moore.
Lo primero que voy a hacer es llamar a Noruega y pedirle explicaciones al distribuidor. ¿Cómo es posible que sólo le cobren 2.000 euros por una entrevista conmigo? Es gracioso que digas eso porque no es verdad: eso no existe", trató de excusarse Moore.
De todas maneras, lo más llamativo ocurrió después cuando unos veinte periodistas de todo el mundo advirtieron gritando que aquello les había pasado a ellos también: "En Inglaterra pasa"; "Y en Brasil"; "Pasa en Cannes, y pasa en Berlín". La revuelta de los presentes se disparó en segundos.
El problema más grave surgió porque el cineasta presenta en Venecia Capitalism: a love story, un documental sobre las barbaridades del capitalismo. Y Moore se convertía así en un ejemplo perfecto del afán recaudatorio que ataca en su filme.