Sonia Paola Torres, una estudiante universitaria que trabajaba en una empresa de crédito, se sometió el 24 de julio de 2008 a una cirugía pero nunca despertó de la anestesia.
"Murió el 12 de julio. Lo único que le funcionaba al 100 por ciento era el corazoncito y dejó de hacerlo", dijo la madre en un diálogo telefónico con DyN.
La joven había sufrido daños cerebrales irreversibles tras haberse sometido a una operación para corregir una desviación de tabique nasal y obtener una mejora estética.
Torres ingresó al quirófano hace un año en la clínica privada Inofac de Nueva Córdoba y luego de la operación no despertó de la anestesia, por lo que fue derivada al Sanatorio Allende.
Familiares y amigos de la joven publicaron avisos fúnebres en el diario La Voz del Interior en memoria de Torres y también agradecieron "a todos los médicos y enfermeros del Sanatorio Allende por el esfuerzo y dedicación que pusieron" y a la empresa para la cual trabajaba la mujer por su acompañamiento.
El caso fue investigado durante 2008 por la fiscal Jorgelina Gutiez, quien ante una denuncia de los padres inició una pesquisa para determinar responsabilidades médicas en el caso.