Los mandatarios coincidieron en el contundente rechazo al golpe de Estado que desató a fines de junio la peor crisis en América Central en dos décadas, pero disintieron sobre los logros de la mediación diplomática y sobre la exigencia de duras sanciones contra quienes lideraron el derrocamiento de Zelaya.
Finalmente, los mandatarios aprobaron un documento de ocho puntos en el que agradecieron las gestiones del presidente costarricense, Oscar Arias, "para encontrar una salida pacífica que permita restaurar la democracia" en el país centroamericano, punto sobre el que habían discutido.
"Los presidentes reafirman que no reconocerán a ningún gobierno que surja de esta ruptura inconstitucional, que no aceptan como válidos actos unilaterales emanados de las autoridades ilegítimas hondureñas, incluyendo el llamado a elecciones", indica el escrito con las conclusiones finales del encuentro de mandatarios.
"El gobierno constitucional y legítimo de Honduras es el encabezado por el presidente Manuel Zelaya, cuya integridad física y la de todos los miembros de su gobierno resulta fundamental preservar", agregó el escrito.
Sin embargo, más allá del documento firmado, hubo algunas diferencias de criterios entre los presidentes sobre los logros de la mediación diplomática y sobre las sanciones que debieran aplicársele al régimen que preside Roberto Micheletti.