Cuando Fritzl entró a la sala del tribunal de St.P"lten, capital de la provincia de Baja Austria, custodiado por dos gendarmes con uniforme negro, un ligero temblor sacudió su cuerpo de aspecto más bien débil.
"No queda mucho de aquel hombre de mirada intimidante fotografiado por la policía después de su detención hace un año", escribió el periodista Christian Fürst.
El hombre, de 73 años, escondió su cara "casi como un niño" y durante "cinco largos minutos" se quedó parado de esa manera, hasta que entró la jueza que preside el tribunal, Andrea Hummer.
Mientras un fotógrafo se arrodillaba delante de él para ver si lograba captar al menos parte de su cara, un periodista de televisión le preguntaba en vano cómo se encontraba: "¿Señor Fritzl, cómo le va?", se escuchó varias veces.
Josef Fritzl, acusado entre otras cosas de asesinato, esclavización y violación reiterada, se mantuvo en silencio y no bajó la carpeta azul hasta tomar asiento en el banquillo de los acusados, de espaldas a los 95 periodistas acreditados, que llegaron desde todo el mundo a St. P"lten para ver al "monstruo de Amstetten".
No se trata de un proceso común y la jueza lo dejó en claro, cuando mirando fijo a los periodistas les dijo: "Se trata de la actuación de una persona, no del crimen de toda una localidad, ni de toda una nación".
Al parecer, Hummer decidirá el jueves a la tarde el destino del hombre que mantuvo a su hija encerrada en un sótano durante 24 años, la violó y la embarazó siete veces.