Finales de nuestro fútbol para guardar en el cajón

El deporte argentino sabe de finales vibrantes, desempates insólitos y, en fin, momentos que quedaron en la historia. Boca, Tigre, San Lorenzo y hasta Lanús pueden reeditarlos

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El primer gran cachetazo en la historia del fútbol profesional lo sufrió Independiente, en 1932.

Tenía todo para dar la vuelta olímpica, con tres puntos de ventaja sobre River y Racing cuando quedaban cuatro en juego (cuando los partidos ganados otorgaban dos unidades).



Una goleada en contra (6-1) frente el propio equipo "millonario", un empate en el clásico de Avellaneda en la última y otra igualdad de parte de River, ante San Lorenzo, forzaron el primer desempate que se registre. El tren había pasado demasiadas veces para los rojos y, con el ánimo por el suelo, cayeron 3-0 en la finalísima ante los de Núñez, que festejaban así el primer título de su historia.



Casi dos décadas después, en 1951, Racing y Banfield llegaban igualados en puntos a la última fecha

. Ambos ganaron sus correspondientes partidos (el primero goleó a Independiente por 5-0 y el segundo, a Lanús 5-3) y la definición se trasladó a un único partido entre los dos protagonistas.



Se jugó en la cancha de San Lorenzo y hoy es recordado como el partido en que todas las hinchadas de los demás equipos "grandes", y hasta la mismísima Eva Perón, se pusieron del lado del "débil". La tribuna del "Taladro" era, en efecto, una mezcla de colores que hoy sería imposible imaginar.



Racing, en cambio, contaba con el apoyo "oficial". El país era presidido nada menos que por Juan Domingo Perón, cuyo ministro de Hacienda, Ramón Cereijo, había terminado el estadio que hasta estos días lleva el nombre del "General".

El equipo de Avellaneda ganó en la cancha (1-0) y se convirtió en tricampeón, pero nunca pudo desligarse del mote de "Sportivo Cereijo".


En 1968 se dio una definición como la que se espera para estos días, aunque con diferentes protagonistas.

El Nacional se definía entre Racing, River -llevaban un punto de ventaja y se enfrentaban entre sí en la última fecha- y Vélez, que esperaba por Huracán. Los primeros igualaron 1-1 y "El Fortín" se impuso por 2-0. Del triangular saldría el campeón.



River y Vélez le ganaron a Racing y chocaron en cancha de San Lorenzo. El "millonario" se vio perjudicado por un fallo histórico del árbitro Guillermo Nimo (no cobró un penal tras una mano del defensor Gallo), el partido terminó 1-1 y

el campeón fue Vélez, por mayor cantidad de goles a favor durante la etapa regular.


Al año siguiente, Boca arribó a la última fecha dos puntos por encima de River.

Se enfrentaban en el Monumental y con un triunfo local todo pasaba al desempate. El encuentro terminó 2-2 y los "xeneizes", con Alfredo Di Stéfano en el banco, dieron la vuelta en la cancha de su enemigo histórico, que seguía con la racha negra que se extendería hasta 18 años sin gritar un campeonato.



Mucho más acá en el tiempo, con la creación de los torneos cortos tal como los conocemos hoy, se vivió otra definición apasionante.

En la última fecha de ese Apertura 1990

, el Newell's de Marcelo Bielsa debió conformarse con el empate ante San Lorenzo, mientras en el Monumental Vélez le hacía la vida imposible al dueño de casa. Y nada menos que con un imbatible Ubaldo Fillol en el arco, que ese día le atajó un penal a Rubén Da Silva. Todo parecía marchar a un desempate y, en la última jugada, la visita pegó de contra por intermedio de Esteban González.

El grito se escuchó desde Rosario.


Pero para consagrarse campeón "oficialmente", "La Lepra" debía derrotar en una final (ida y vuelta) al ganador del Clausura 91, Boca.

En Rosario fue 1-0 para el local y en La Boca se dio el mismo resultado, también para el anfitrión. Y entonces el desenlace se trasladó a los penales. Son, seguramente, los tiros desde los doce pasos más emblemáticos de la historia.

Norberto Scoponi atajó dos penales, se convirtió en héroe y su equipo festejó en la hostil Bombonera.

En el Clausura '94, Huracán iba por su segundo título.

Le llevaba un punto a Independiente y ambos debían cruzarse en el epílogo del torneo. El clamor de la semana por poco convirtió en clásico ese encuentro.

Los de Avellaneda le tiraron al "Globo" toda su historia encima y golearon por 4-0.

Al año siguiente, Gimnasia iba por su primera vuelta olímpica. Le alcanzaba con vencer en su cancha a Independiente. Pero apareció Javier "La Chancha" Mazzoni para aguar la fiesta. San Lorenzo fue campeón tras vencer a Central, en Rosario, con un agónico tanto del "Gallego" González.



En el Apertura 2002, el Independiente de Américo Rubén Gallego había comenzado tan bien como este San Lorenzo de Miguel Ángel Russo.

Sin embargo, aflojó sobre el final y casi lo pagó caro. En la penúltima jornada, recibía a Boca, su perseguidor. La visita estaba arriba en el marcador y apareció en escena Lucas Pusineri. Un cabezazo en el último minuto, para el 1-1 final, le dejó el título servido en bandeja. La goleada 3-0 sobre San Lorenzo quedó para la anécdota.



El primer desempate en torneos cortos se vivió hace dos años

, cuando de la mano de Ricardo La Volpe (dirigió la segunda parte del torneo luego de un muy buen arranque de Alfio Basile) Boca se encaminaba al título. Tropezó en Córdoba al caer con Belgrano en la 18º fecha y una vez más con Lanús, en La Bombonera. Estudiantes no hizo más que aprovecharlo y forzar una final.



La cita fue en Vélez, el 13 de diciembre. Boca ganaba con un tempranero tanto de Martín Palermo y en el complemento la historia cambió. José Sosa, a los 20, y Mariano Pavone, a los 36, hicieron delirar a medio La Plata.



Dos años después, Boca afronta aquellos fantasmas. San Lorenzo, después de desperdiciar varias chances, está vivo nuevamente. El invitado de ocasión es Tigre y hasta Lanús aguarda expectante.

Nunca un torneo en la Argentina se definió en un cuadrangular. Quién se anima a decir que eso sería imposible.