Las principales naciones del mundo alinean sus posiciones para la reunión extendida del G20 que se celebrará el próximo sábado en Washington para analizar medidas conjuntas ante la crisis financiera internacional y los temores de una recesión en la economía global.
En la Unión Europea (UE) ningúno de los países desentonó al momento de confirmar su presencia en el encuentro. Los 27 jefes de Estado y gobierno que intervinieron en la cumbre para definir y delinear las propuestas europeas para la cumbre financiera mundial de la semana entrante en Washington dijeron al unísono que se alcanzó plena unidad.
"Viajaremos con una posición unificada", dijo la jefa de gobierno alemana Angela Merkel. Pero en verdad, unidad y unanimidad no siempre son una y la misma cosa.
Es preciso estudiar la letra chica en torno de la cual discutieron primero los embajadores eurocomunitarios, luego los ministros de Finanzas y finalmente los jefes de Estado y gobierno, para entender cuál fue el clima que se vivió detrás de bambalinas.
Por lo pronto, el término acuñado por la presidencia rotativa francesa de "coordinación económica" debió ser eliminado. El documento final alude a una "efectiva concertación de la economía política".
Tras bastidores existieron diferencias de contenido. Nicolas Sarkozy, proclive al intervencionismo estatal, debió escuchar las críticas de algunos colegas por su aparente exageración en favor del control y de la regulación de los mercados.
"Estoy a favor de la regulación, pero no de la estrangulación", dijo el primer ministro de Luxemburgo Jean-Claude Juncker, el mismo que acuñó la idea de una "policía mundial de control", si bien también reconoció que en algunos ámbitos todavía queda lugar para una regulación mayor.
"Existe el riesgo de una sobrerregulación", argumentó el primer ministro sueco Frederik Reinfeldt, cuya enérgica intervención impidió que en el documento final se aludiera a otro documento de diez páginas que había sido previamente aprobado por los ministros de Finanzas.
Reinfeldt puso su impronta para que las regulaciones sean "proporcionadas y adecuadas", dos conceptos que no fueron acuñados por Sarkozy. Suecia es uno de los países que teme perder el control sobre la política económica con el argumento de que ello sea necesario para frenar una posible nueva crisis financiera.
No quedó claro qué papel le tocará desempeñar al Fondo Monetario Internacional (FMI). Hay unanimidad acerca de que le cabrá estructurar la nueva arquitectura financiera, pero nadie sabe a ciencia cierta cuán grande será o se permitirá que sea su influencia. La cumbre evitó pronunciarse al respecto.
Por el formato que se le dió a esta cumbre, que se realizó en el marco de un almuerzo, los jefes de Estado y de gobierno no contaron con el contacto directo con sus asesores financieros.
El luxemburgués Juncker, quien como ministro de Finanzas era uno de los pocos especialistas presentes, expuso su iniciativa para que los países de la eurozona puedan tener una representación permanente en el FMI, pero admitió que "el tema es demasiado complicado para presentarlo ante los jefes de gobierno. Antes, los ministros de Finanzas tenemos que elaborar un documento para poder discutir los detalles más tarde".
Juncker deploró que la Unión Europea busque desempeñar un papel en la política mundial sin haber podido hasta ahora ponerse de acuerdo acerca de una "formación común de marcha".
En líneas generales, sin embargo, la unidad pudo generarse con rapidez: la UE se pronunció a favor de mayores controles de los mercados financieros, una transparencia mayor y reglas que impidan que los banqueros corran riesgos impredecibles por ganar más dinero.
Pero muchos detalles quedaron sin dilucidar; según se dijo oficialmente, porque la UE no quiere irritar s los restantes participantes de la cumbre financiera mundial.