En casi dos décadas de carrera, pasó por buenas y por malas, pero nunca inadvertido como él lo hubiera deseado, siempre tan perfil bajo. Claudio André Taffarel es el gran ícono de los arqueros brasileños, esos que, hasta su irrupción, eran maltratados por obra y gracia del prejuicio.
Algunas imágenes imborrables lo sitúan en el centro de la escena. Se lo puede recordar arrodillado, con lágrimas en los ojos, segundos después de que Claudio Caniggia lo dejara en el camino y convirtiera el increíble y definitivo 1-0 de Argentina sobre Brasil en la Copa del Mundo de Italia 90. Increíble porque la verdeamarelha dominó durante gran parte del partido, y definitivo porque ese gol significó el pase a cuartos de final para los de Carlos Bilardo.
Pero también se lo puede recordar besando la copa tras la consagración de su Selección en el Mundial de los Estados Unidos, cuatro años después. O llevando al Galatasaray a la conquista de la Copa UEFA 2000, sin contar las grandes tardes con las que se ganó el respeto en Italia pese a su condición de brasileño.
Sí, porque hasta que Taffarel no triunfó con la camiseta del Parma, en la década del 90, sus colegas-compatriotas no eran bien vistos. Ese equipo italiano rompió todas las barreras al contratarlo y "gastar" con el relegado puesto de arquero uno de los tres cupos de extranjeros disponibles por club en aquella época.
Retirado de la actividad profesional en 2001, en el popular equipo turco, Taffarel decidió seguir relacionado al mundo del fútbol, pese a que su idea inicial era desligarse definitivamente. En una entrevista concedida al sitio de la FIFA, brindó detalles de su nueva vida, a los 42 años, y del trabajo como representante que realiza junto a su ex compañero en el Atlético Mineiro Paulo Roberto.
"La verdad es que me enamoraba la idea de seguir en el fútbol, pero no tenía paciencia para ser entrenador. Cuando Paulo me presentó la idea por primera vez, yo analizaba la posibilidad de abrir un restaurante. No sabía si en Brasil o Italia. Aquello se quedó en mi cabeza y, al cabo de unos meses, en el abril de 2005, decidí que era una buena oportunidad", contó.
La empresa que llevan adelante se llama "Taffarel & Paulo Roberto" y concentra su atención en jóvenes valores de las divisiones inferiores brasileñas. Su primer cliente es también su máximo exponente: el delantero Fernandão, figura del Inter de Porto Alegre en la obtención de la Copa Libertadores y el Mundial de Clubes 2006, y transferido recientemente al Al-Gharafa, de Qatar.
"El Taffarel empresario es el mismo que el Taffarel arquero. Bajo los tres palos, buscaba no llamar la atención más de lo necesario y buscaba simplemente hacer su trabajo con claridad y honestidad. Cada día notamos más el interés de los jugadores en juntarse con nosotros. En parte porque la empresa lleva el nombre de un campeón del mundo, pero además porque esa manera honesta de trabajar genera frutos", lo elogia su socio.
Taffarel jugó en Internacional de Porto Alegre (1984-90), Parma (1990-93 e 2001-04), Reggiana (1993-94), Atlético Mineiro (1994-97) y Galatasaray (1998-01).
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