Miles de kioscos venden comida en la Ciudad pese a estar prohibido

Pese a que no están autorizados por las autoridades para vender alimentos, miles de locales comercializan sandwichs, ensaladas, empanadas y panchos sin control efectivo

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La falta de controles puede redundar en situaciones peligrosas, con venta de alimentos sin rotular y envasados en forma artesanal, en muchos casos con horas fuera de la heladera.

Sin embargo, la comercialización de productos alimenticios por un lado es un desahogo para los kiosqueros que denuncian reducción en los márgenes de ganancia con la venta de golosinas y por otro es un alivio para muchos empleados que trabajan en zonas céntricas y con deprimidos salarios deben afrontar las fuertes subas de precios de restaurantes y casas de comidas.

La ciudad de Buenos Aires cuenta con 80 inspectores para controlar 200 mil bocas de expendio de alimentos, mientras que hay unos 23.800 kioscos habilitados.

Según una nota del diario Perfil, sólo el 0,03% de los kioscos fueron inspeccionados en lo que va del año: 28 en enero, 9 en febrero, 89 en marzo y 38 en abril.

El director de Higiene y Seguridad Alimentaria porteño, Julio Godostein, admitió que "con tan pocos inspectores s casi imposible llegar a tiempo con las inspecciones" y anunció que se van a contratar 40 nuevos agentes en ese aérea, mientras que señaló que se está "tratando de racionalizar la forma en la que trabajan".

De todos modos, el funcionario, que se encuentra a cargo de la recientemente lanzada Agencia Gubernamental de Control dependiente del Ministerio de Justicia, dijo que "los controles se hacen todos los días".

Por el lado de los dueños de los kioscos, que sólo están autorizados para la venta de golosinas en cuanto a comestibles, se hace hincapié en que la venta de alimentos representa un desahogo para la actual coyuntura que afrontan.

"Muchos subsistimos gracias a la venta de ensaladas, sándwiches y medialuna", indica Eduardo, un kiosquero de la zona del Microcentro, que afirmó que la inflación redujo considerablemente la ganancia en la venta de golosinas.

"Si nos obligan a vender sólo golosinas vamos a cerrar", alertó el comerciante mientras comercializaba a tres pesos las ensaladas de frutas preparadas por su esposa.