Victoriano Arenas es un modesto club ubicado en Avellaneda que juega en la Primera D del fútbol argentino. Su cancha está pegada al Riachuelo y es de fácil acceso si de intrusos se trata: día a día, mientras los jugadores se entrenan, chicos que no llegan a la mayoría de edad toman por asalto el predio y se llevan pelotas, pecheras, celulares y lo que encuentren a mano.
El presidente de la institución, Domingo Sganga, sospecha que el objetivo es la venta de lo robado para el consumo de paco. La cadena es difícil de cortar, porque se trata de una zona de mucha inseguridad en la que el trabajo de la Policía siempre resulta insuficiente.
"Es complicado, el tema inseguridad es complicado, porque inclusive lo que dice la nota (se refiere al informe publicado hoy por el diario deportivo Olé) no es tan así, que la Policía no ayuda. En realidad, hacen lo que pueden", son las primeras palabras del directivo en diálogo con Radio 10.
Cuenta a su vez que a la cancha puede ingresarse desde las villas que se encuentran del lado de Capital, y que es un problema que la Policía conoce pero que no puede resolver.
"Al estadio podés llegar sin ningún problema, quizá asusta porque pasás por dos fábricas abandonadas", aclara Sganga, pero enseguida reconoce que la situación es insostenible: "Por ahí me llama el técnico y me dice 'hay 20 chiquitos tirándonos piedras y robándonos las pelotas; hacé algo porque no podemos entrenar'".
"A veces se sienten tiros ?prosigue-; nosotros los llevamos (a los jugadores) a los terraplenes alrededor del Río por seguridad. Pasa que es una villa muy grande, enorme", describe, en referencia al asentamiento Zabaleta.
"El problema son los chicos que andan por ahí, que fuman paco y están doblados. Nosotros no lo podemos manejar. Incluso en algún momento se había propuesto un puesto de Gendarmería, o de Prefectura, que contenga esa zona", explica el dirigente.
Y se pregunta: "¿Cómo tratás a un chico de 12, 13 o 14 años que hace eso?. Yo no le puedo pegar porque no corresponde; la Policía no se los puede llevar porque no pasa nada? El canchero que yo tengo ahí está todas las noches a los tiros, porque si no le entran a robar".
Luego Sganga detalla cuál es la forma de proceder para evitar que los jugadores se conviertan todos los días en víctimas indefensas de asaltos. "A ellos se les complica. Lo que hacemos es ir en grupo de cinco o seis, la idea es que no vayan individualmente. Siempre es más difícil que pase algo en grupo. Si van en forma individual el riesgo que se corre es importante".
Pero lo concreto es que la desesperación crece sin que haya soluciones a la vista. Se quedan sin material para trabajar porque "una pelota sale entre $100 y $150, y capaz que te roban 20 pelotas y es mucha plata", continúa.
Y concluye: "La villa para nosotros no es un problema. El problema es que a lo mejor de 20 mil o 30 mil que viven ahí 10, 20 o 30 nos están complicando".