El "Indohyus", el último en la línea evolutiva de los parientes terrestres de los cetáceos y que data de hace unos 48 millones de años, presenta ciertas similitudes con las ballenas en su cráneo y orejas, aunque no así en sus extremidades, ya que tiene pezuñas, según una investigación de científicos de los Estados Unidos y la India.
"Era más parecido al actual ciervo-ratón hiemosco, también llamado chevrotain", aseguró el profesor Hans Thewissen, del Colegio de Medicina y Farmacia de las universidades del noreste de Ohio, quien ha liderado un estudio del que informa en su último número la revista británica Nature.
En un artículo de la publicación británica, los científicos explican que hasta ahora se sabía que los artiodáctilos, mamíferos ungulados cuyas extremidades terminan en un número par de dedos, tenían algún tipo de parentesco con las ballenas, pero no se había hallado ejemplar alguno morfológicamente parecido a los cetáceos.
"A diferencia de los otros artiodáctilos, el Indohyus raoellidae -nombre completo- es similar a las ballenas en las estructura de sus orejas y premolares, en la densidad de los huesos de sus miembros y en la composición de sus dientes", explican los investigadores en la revista.
Y es que el pasado de estos animales amenazados, y de los mamíferos acuáticos en general, ha sido una incógnita que siempre ha interesado despejar a la comunidad científica, toda vez que se llegó a apuntar, incluso, que los hipopótamos eran parientes cercanos de los cetáceos (ballenas, delfines y marsopas).
"Creemos que los Indohyus y sus antepasados se escondían de los depredadores en el agua -como hace ahora el hiemosco-, pero no hemos encontrado unos lazos genealógicos cercanos entre el Indohyus y el hipopótamo", incide Thewissen.
"Sin embargo, el vínculo entre ballenas e hipopótamos es muy fuerte", añade el científico, quien, en la revista, niega la posibilidad de que éstos últimos, con 15 millones de años de antigüedad, sean antepasados de aquéllas, con unos 50 millones de años a sus espaldas.