Ahora, el paco también lo consume la clase media

Conocido como la "droga de los pobres", dejó de lado los sectores bajos y escala a los sectores medios. Sin embargo, aclaran que puede afectar más la salud de la clase de menos recursos

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La imagen que se tenía del consumidor de paco comenzó a cambiar. No sólo individuos de clases bajas padecen la adicción a una de las drogas más nocivas, sino que los jóvenes de la clase media también han incursionado en uno de los males más recientes de nuestra sociedad.

"No decimos que el paco no golpee fuerte en la clase baja, sino que hay consumidores en otros segmentos sociales y que la imagen fantasmal y marginal del paquero que conocemos no se ajusta a todos los que fuman paco", dice Alejandro Corda, docente, investigador de la UBA e integrante de la Asociación Civil Intercambios.

"En un estudio que realizamos en 2006, advertimos que el problema del paco aparecía asociado exclusivamente con personas pobres por la manera en que los medios y algunas fuentes oficiales construyen el tema, y que esas miradas no siempre se ajustan a la realidad. En las entrevistas encontramos que personas de clase media también referían haber usado paco, algo que no figura en ningún registro. Es importante revisar ciertos discursos porque estas imágenes terminan siendo usadas para alimentar el tono de alarma y ocultar otras realidades", continúa Corda.

A su vez, el análisis de la ONG demostró que, gracias a la proliferación de laboratorios de cocaína, el paco se extiende entre los jóvenes del Conurbano.

Por su parte, la socióloga Cecilia Arizaga, a cargo una investigación sobre paco del Observatorio Argentino de Drogas de Sedronar, aclara que "podemos afirmar que encontramos consumidores de sectores medios bajos en algunos centros de tratamiento: esto habla de la presencia de esta droga en más segmentos de los que circulan en el imaginario social".

Arizaga subraya "la convivencia en tensión que la persona establece entre su mundo de clase media, en el que mantiene condiciones de existencia propias de su clase -como tener una familia más o menos constituida y un trabajo más o menos estable-, y sus giras de consumo, en las que se acerca a experiencias de marginalidad que le resultan ajenas".

Sin embargo, Corda también aclara que el paco puede afectar de forma diferente a quienes lo consumen, según sus condiciones de vida: "Demonizar una sustancia no sirve. Ninguna droga en sí misma explica todo ni convierte a nadie en diabólico. En nuestra investigación surge que en determinados contextos el paco causa más daño que en otros: no es lo mismo un cuerpo sano y fuerte que uno con carencias; ni es igual tener redes de contención ni acceso a ciertos recursos que no tenerlos; ni todas las personas consumen pacos de igual calidad: la verdad es que nadie tiene muy claro que se mete adentro cuando lo fuma", según publicó el diario Clarín.

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