A un año de la granizada

El 26 de julio de 2006, porteños y bonaerenses fueron sorprendidos con una caída de granizo que causó daños sin precedentes y que dejó huellas más allá de las sufridas por los automóviles. Sepa qué cambió

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La tarde del 26 de julio de 2006 será recordada por los habitantes de la Ciudad y el Gran Buenos Aires como el día en que la naturaleza demostró su poder arrojando rocas de hielo que llegaron a alcanzar los siete centímetros de diámetro. A tal punto que los días posteriores comenzó a atisbarse la venta de estos particulares souvenirs en los sitios de subastas que abundan en internet.

Independientemente de lo anecdótico, el granizo del año pasado produjo cambios, además de que el Servicio Meteorológico Nacional dejara de estar en poder de la Fuerza Aérea Argentina. Hubo cambios culturales: la gente se dio cuenta de que existía un daño que hasta ahora no tenía previsto.

Y claro está, las consecuencias de esa modificación cultural fueron rápidamente percibidas por las compañías de seguros, que vieron abarrotados sus servicios de atención a clientes, con un aumento del 75% en las consultas el día del granizo y del 150% los días posteriores.

De acuerdo con los datos suministrados por la Superintendencia de Seguros de la Nación, solamente el 26 de julio del año pasado se registraron 24.732 siniestros de daño parcial en automotores y 604 de daño total, con lo que juntos sumaron 25.336 siniestros.

Para considerar la magnitud de los daños provocados por el granizo basta con mencionar que el mes que registró la siniestralidad de daños (total más parcial) más alta en el año 2005 fue diciembre, con 14.653 siniestros en el mes. 

Los principales escollos en aquellos días era que la gran mayoría de las coberturas de seguros para automóviles no incluían la cobertura por granizo, y que tampoco los automovilistas tenían la conciencia del riesgo que esto significaba. El cambio cultural de los automovilistas derivó, entonces, en una transformación del mercado asegurador con la consecuente inclusión de esta cobertura (con o sin cargo adicional) en los seguros de automotores.

A excepción de los seguros denominados "Todo Riesgo" o coberturas que especialmente tenían incluida la cobertura por daño total o parcial de cristales por cualquier causa, prácticamente no había productos que respondieran contra el granizo (se mencionó en aquel entonces que más del 90% de los seguros vigentes no cubrían los daños del granizo).

Un reciente informe del CESVI analiza, precisamente, las consecuencias que en el mercado asegurador se han observado en los últimos 12 meses con motivo de las granizadas de 2006, tanto la de julio en Buenos Aires como la de noviembre en Rosario .

Se menciona, por ejemplo, que Sancor Seguros era la única aseguradora que ofrecía en aquel momento una cobertura sin franquicia por granizo, sin necesidad de contar con un seguro "Todo Riesgo", y que el evento del año pasado significó un costo total de $2.850.000 aproximadamente para la compañía.

?Si bien existió una respuesta concreta por parte de las compañías a sus asegurados que reclamaban el reemplazo de los parabrisas y lunetas, la misma fue en el plan terceros completo que cubría las lunetas y parabrisas por daños pero no así los cristales laterales cuya cobertura estaba limitada a daños por intento de robo?, explicaron desde el CESVI, citando el caso de MAPFRE Argentina, que como consecuencia de la cobertura general, y no particularmente como cobertura de daños por granizo, tuvo que hacer frente a $660 mil para reemplazar 1.578 cristales y a $520 mil para responder en 368 casos de coberturas "Todo Riesgo".

Un año después de aquel evento, es prácticamente imposible pensar en una cobertura de seguros para automotores que no contemple el daño por granizo (ya sea dentro de la cobertura o como un adicional con extra prima), o bien en un asegurado que no consulte a su compañía por esta protección.

El cambio cultural se ha producido en materia aseguradora. Tal vez sea hora de pensar en un cambio más amplio de cara al futuro: semejante granizada en julio de 2006 y la nevada histórica de julio de este año merecen, al menos, una reflexión.