acompañado sólo por un bastón blanco y un guía, abandonando recelos y prejuicios, es la propuesta de
, una exposición en la capital mexicana, donde los visitantes se convierten en ciegos por una hora.
La idea es sencilla: la persona que asiste a este recorrido descubrirá cómo perciben las personas ciegas escenarios de la vida cotidiana. Sin que se les diga qué son, deben moverse, tocar y oler, para reconocerlos e incluso saber si es de día o de noche.
Un parque, una calle de una ciudad, un mercado, una cafetería o un paseo en barco son los alicientes para el visitante que acuda a esta exposición en el Museo del Papalote de Ciudad de México, también conocido como Museo del Niño, que estará abierta hasta el 15 de agosto.
está proyectado para el disfrute de personas de todas las edades y d
, de las que el 80 por ciento son adultos.
, puesto que el visitante se da cuenta de lo mucho que depende de la vista y redescubre los otros cuatro sentidos.
En la última sala hay un momento de reflexión sobre la experiencia, a oscuras también, donde
Rubén, uno de esos guías, dijo a
que esta visita enseña a las personas que ven con normalidad "que hay cinco sentidos y que la vista limita a los otros cuatro".
"Hay que darle importancia a todo, porque así vamos a apreciar cómo es realmente un sabor, una forma, una textura;
", aseguró.
Para Rubén, quien también da clases de informática para ciegos, con el recorrido queda demostrado que "las personas con discapacidad visual son gente positiva que puede hacer muchas cosas, que
".
"En la exposición
, a los visitantes les llevamos a un mundo donde nosotros somos más hábiles para movernos y cuando salimos a la calle ellos nos pueden guiar", dijo.
"Ambos nos podemos ayudar, si sabemos cómo, si tenemos la oportunidad y el gusto y de deseo de hacerlo, lo podemos hacer", agregó.
Una de las visitantes, María de la Luz, dijo que el recorrido "es una experiencia extraordinaria, ya que
, no sólo con la vista".
"Hay que hacer conciencia entre las autoridades para que pongan un poquito más de atención", pues "siempre se les dificulta a los ciegos muchas cosas", explicó.
Añadió que en la visita "ponen las cosas fáciles y sin peligros, pero afuera se encuentran con ramas o coches en movimiento".
Abigail, una niña de diez años, explicó que al hacer la visita sintió "un poquito de desesperación", por lo que ahora cuando vea un invidente actuará "con más conciencia" y le ayudará.
Otra de las guías, Viviana, recordó que los ciegos pertenecen al mismo mundo que las personas que ven y se lamentó porque en México no hay una cultura al respecto.
"Es difícil que las personas nos entiendan y empiecen a ver que no tener la vista no es ningún problema. Uno puede seguir su vida, sintiendo, percibiendo a través de los otros sentidos", se quejó.
Viviana se dio cuenta de que los niños se mueven con más facilidad en la muestra que los adultos, ya que "se adaptan a percibir con sus otros sentidos y la imaginación y la creatividad está desarrollada al máximo".