Inexplicable justificación de la barbarie en el ascenso

El técnico de Almirante Brown, Blas Giunta, dijo en Radio 10 que es normal este tipo de episodios en esa categoría del fútbol argentino. Dudó de la actitud del arquero Cáceres, quien terminó con una grave lesión auditiva

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El técnico de Almirante Brown, Blas Giunta, dijo en Radio 10 que es normal este tipo de episodios en esa categoría del fútbol argentino. Dudó de la actitud del arquero Cáceres, quien terminó con una grave lesión auditiva
El técnico de Almirante Brown, Blas Giunta, dijo en Radio 10 que es normal este tipo de episodios en esa categoría del fútbol argentino. Dudó de la actitud del arquero Cáceres, quien terminó con una grave lesión auditiva
El técnico de Almirante Brown, Blas Giunta, dijo en Radio 10 que es normal este tipo de episodios en esa categoría del fútbol argentino. Dudó de la actitud del arquero Cáceres, quien terminó con una grave lesión auditiva
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La final de Primera B, que debía haber catapultado a un equipo a la Primera B Nacional, se frustró con una escandalosa suspensión, a raíz de la caída de un artefacto explosivo que conmocionó al arquero de Estudiantes de Caseros, Walter "Cubito" Cáceres, al punto de obligar a su internación en un hospital, y dio paso luego a una impresionante batalla campal interna entre hinchas de Almirante Brown que ocasionó heridas a por lo menos cuatro personas.

A la gravedad de los hechos de violencia dentro del estadio se agregaron las declaraciones de dirigentes y cuerpo técnico de Estudiantes, que denunciaron previa agresión y robo de pertenencias al micro que trasportaba a sus jugadores, presuntamente conducidos por error por la Policía hacia un ingreso por el que debían entrar los hinchas rivales.

El hecho más grave se produjo cuando se jugaban 13 minutos del primer tiempo al caer un artefacto explosivo en el área chica defendida por Cáceres, quien de inmediato cayó conomocionado y poco después debió ser trasladado inconsciente y con vómitos a los vestuarios y poco más tarde al Hospital Fiorito.
El DT de Almirante Brown, Blas Giunta, hizo una inexplicable justificación de la barbarie. "Son circunstancias que pueden pasar dentro de un partido de fútbol", dijo y sostuvo que si se le pregunta a cualquier jugador "de 50 partidos que juegan en 10 o 15 le tiraron esas bombas o esos cohetes atrás del arco".

Además, Giunta señaló que "no fue una bomba" e irónicamente dijo que "no estamos en Camboya". "Una bomba es como una pelota", explicó el entrenador y agregó que lo que cayó en el campo de juego "fue en realidad un petardo".

En este marco, el técnico también puso en duda la actitud del arquero Cáceres al insinuar que podría haber fingido o exagerado la situación para sacar ventaja de ella aunque aclaró que "confío en el jugador".

Giunta también criticó el operativo policial. "La policía no es capaz para controlar estas cosas", sostuvo y se preguntó: "Qué estamos esperando, que maten a un jugador, si vos los dejas entrar con pirotecnia después hacete cargo".
 
Lo curioso es que la caída del artefacto desde la parcialidad de Almirante Brown se produjo en un momento muy propicio para su equipo: con el marcador igualado 0-0 (igual que en la primera final), el árbitro Diego Abal había sancionado un tiro penal a su favor y enseguida había expulsado a Luciano Mazzina, de Estudiantes, por protestar.

La suspensión, que le acarreará a Almirante Brown una previsible sanción en lo deportivo, desencadenó una impresionante trifulca interna entre su hinchada, dividida en dos fracciones antagónicas que habían hecho recientemente las paces sólo para acompañar las instancias finales del torneo.

Así, se produjo el lanzamiento de todo tipo de proyectiles entre los hinchas, ubicados en las dos bandejas. Desde la alta se arrojaron elementos de todo tamaño, desde piedras hasta parte de puestos de venta hacia la inferior, en la que se formó un impresionante claro entre los hinchas, donde caía la mayor parte de esos elementos.

Como consecuencia de ese enfrentamiento, por lo menos cuatro personas resultaron con heridas y fueron trasportadas, visiblemente ensangrentadas, según pudieron constatar los periodistas apostados en la conmocionada zona de vestuarios.