La historia de amor entre el ex Boca y la tenista

Él vistió la camiseta "azul y oro" en la década del '90 y también jugó en otros equipos argentinos. Ella fue la mejor raqueta en la historia de su país y quiere volver a los primeros lugares del circuito. Una relación que comenzó en 1994

Guardar
  162
162

El deporte está repleto de historias de amor que trascendieron los límites de una cancha. Pero esta relación podría enmarcarse dentro de lo bizarro.

Los protagonistas son el ex jugador de Boca, el paraguayo Gustavo Neffa, y su compatriota, la tenista Rossana de los Ríos. Están casados desde 1994 y tienen una hija de 10 años llamada Ana Paula.

Neffa es muy recordado por su paso en el fútbol argentino, a pesar de no obtener grandes resultados ni actuaciones consagratorias. Además de jugar en Boca entre 1992 y 1994, también tuvo breves estadías en Unión de Santa Fe y Estudiantes.

Por su parte, la tenista Rossana de los Ríos fue la mejor tenista juvenil del mundo en 1992; en ese entonces parecía tenerlo todo para triunfar en mayores, pero se enamoró y ahí empezó su camino cuesta arriba en el circuito de la WTA.

Nacida en Asunción en septiembre de 1975, Rossana dijo que "pude llegar muy lejos en el tenis, en 1992 gané el Roland Garros juvenil, pero tomé decisiones y estoy contenta con mi vida", explicó.

Hace años, recibió alguna crítica por hacer caso al amor en vez de mostrar su gran tenis, sin embargo ahora habla con dulzura sobre su familia y se le nota el orgullo cuando dice que su esposo es su fanático número uno.

"Él jugó al fútbol en las ligas de Italia y la Argentina, con la selección nacional y en los Juegos Olímpicos, fue bueno en eso, pero ahora habla más de tenis; los tiempos cambiaron para las mujeres y él me apoya para poder jugar tranquila", comenta.

Rossana es un caso raro de jugadora en el circuito de la WTA; dejó de jugar cinco años para dedicarse a su hija, regresó en el 2000 y una temporada después consiguió colocarse en el 51 del mundo, muestra de que su talento estaba ahí.

"Ahora intento volver al grupo de las mejores 100, me encuentro bien, pero estuve dos años con lesiones de rodilla y muñeca y vengo desde atrás", comenta la chica de pelo largo, con una bella sonrisa y un trato abierto que parece más de caribeña.

Se la escucha confiada con volver a dar guerra en el circuito, aunque deja entrever que si no logra la meta no pasará nada. A fin de cuentas, ya ganó el Grand Slam de su vida, al descubrir que la felicidad no está en la fama de la mejor tenista del mundo, sino en haber escuchado a su corazón y seguir feliz 12 años después.