(EFE).- "Anoche soñé que volvía a Manderley!", la famosa frase con que arranca "Rebeca" (1940), vuelve a escucharse más clara que nunca en los cines británicos gracias a la publicación de una nueva copia del gran clásico de Alfred Hitchcock (1899-1980).
Casi setenta años después del estreno de la legendaria película, la Filmoteca Nacional Británica divulgó este fin de semana en Londres una cinta que "reaviva" el filme. Según la Filmoteca, la nueva copia permite "una mejor apreciación de la fotografía de George Barnes, la dirección artística de Lyle Wheeler, la música de Franz Waxman y las excelentes actuaciones que ayudaron a Hitchcock a lograr su único Oscar a la mejor fotografía".
La flamante cinta, que hará una gira por cines de toda Inglaterra para disfrute de los cinéfilos, ofrece "una imagen más nítida", de modo que "la gente puede ver la película como la primera vez que se estrenó", comentó a EFE una portavoz de la Filmoteca.
Basada en la novela homónima de Daphne Du Murier (1907-1989), "Rebeca" fue el primer filme del "mago del suspense" en Hollywood, adonde acudió contratado por David Oliver Selznick (1902-1965), el excéntrico productor de "Lo que el viento se llevó" (1939).
La cinta, en la que Hitchcock conjuga con suma habilidad el drama romántico con el suspenso, llegó a ser candidata a once Oscar de la Academia de Hollywood, si bien sólo ganó dos estatuillas (mejor película de 1940 y mejor fotografía).
La historia
Durante 130 minutos de misterio e intriga, la película, narrada en forma de "flash-back", la historia de una joven tímida e ingenua que ejerce de dama de compañía de una rica norteamericana de viaje por Europa.
En Montecarlo, la chica, cuyo nombre no se revela jamás, conoce a un viudo rico y aristócrata, Maxim de Winter. Tras una rara y corta relación, de Winter pide a su amante que se case con él, ella acepta y ambos regresan a Manderley, la fantasmal mansión del esposo en Cornualles (suroeste de Inglaterra).
Sin embargo, la nueva señora de Winter es acogida con frialdad por el ama de llaves, la señora Danvers, de presencia tan incómoda como espectral. El desafecto de la señora Danvers se debe a que aún está obsesivamente enamorada de la esposa muerta del aristócrata, Rebeca, una hermosa mujer que atrae sexualmente a hombres y féminas.
Se trata de una clara referencia a la homosexualidad que Hitchcock logra "colar" con mucho tacto en la cinta, dado el estricto código moral que imperaba en Hollywood.
Sacudida por los celos, la recién casada pronto se da cuenta de que la larga sombra de Rebeca sigue presente en la casa y en los pensamientos de su esposo, de cuyo cariño empieza a dudar.
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