Los padres de la tenista rusa María Sharapova abandonaron Bielorrusia tras la catástrofe en la central nuclear de Chernobyl, de la que ayer se cumplieron veinte años, y emigraron a Siberia, donde nació ella el 19 de abril de 1987, menos de doce meses después del fatídico accidente.
Con el fin de poner tierra de por medio con la radiación, que afectó a partir del 26 de abril de 1986 al 23 por ciento del territorio de Bielorrusia, Yuri Sharapov y su mujer abandonaron Gómel, región bielorrusa que se encuentra a apenas 25 kilómetros de la central siniestrada.
Su destino fue la ciudad siberiana de Niagán, situada en la indómita región de Janti Mansisk al otro lado de la cordillera de los Urales, a 1.800 kilómetros de Moscú.
Cuando la tenista acababa de cumplir los tres años de edad, su familia se trasladó al balneario de Sochi, a orillas del Mar Negro, donde a los cuatro años agarró la primera raqueta, un regalo del padre del tenis ruso Yevgueni Kafelnikov.
Durante unas pruebas en Moscú, la tenista norteamericana de origen checo Martina Navratilova aconsejó al padre de Sharapova, Yuri, que se enrolaran en una academia de tenis en Florida.
En 1994 Yuri Sharapov, con dos billetes de avión y 700 dólares en el bolsillo, emigró con su hija, María, de 7 años, rumbo a Estados Unidos en búsqueda de fortuna.
El famoso Nick Bolletieri, descubridor de talentos como Agassi o Courier, no tardó en apreciar el talento natural de María, mientras su padre pagaba el alquiler y las cuentas trabajando en la construcción.
La madre de la tenista vio denegada en varias ocasiones el visado de entrada y no se reunió con ellos hasta dos años más tarde.
Con 9 años y tras obtener una beca, Sharapova ya había conseguido sus primeros contratos publicitarios con Prince, marca de raquetas de tenis, y Nike, y a los 15 ya fue finalista junior de los abiertos de Australia y Wimbledom, en los que se batió con jugadoras dos y tres años mayores.
La número tres del tenis mundial regresó a Rusia en octubre del pasado año, tras once años de ausencia, y negó tener intenciones de nacionalizarse estadounidense, a pesar de residir permanentemente en Florida.