Adiós resignado y triste al "maestro" Alan Greenspan en los EE.UU.

Los especialistas recuerdan los aciertos del saliente titular de la FED, como la lucidez de la que hizo gala en 1996, cuando predijo un auge de la productividad de los trabajadores en la que nadie creía por aquel entonces

Economistas, políticos y mercados dieron hoy un melancólico adiós a Alan Greenspan, que se lleva de su despacho en la Reserva Federal no sólo fotos y libros, sino también los más de 18 años de confianza que Wall Street depositó en él.

El hasta hoy presidente del banco central más poderoso del mundo fue objeto de un arrollador aluvión de elogios, que desplazaron las escasas críticas sobre su mandato.

Así, el demócrata Paul Sarbanes, miembro del Comité Bancario del Senado, alabó los "muchos éxitos y logros" de Greenspan para citar, sólo de pasada, que discrepó con el ejecutivo de 79 años cuando éste respaldó los recortes tributarios de la Casa Blanca en 2001.

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Esas reducciones fiscales agravaron el abultado déficit público de los EE.UU., un peligroso desequilibrio que el propio Greenspan considera ahora necesario corregir.

Alan Blinder, ex vicepresidente de la Reserva Federal (Fed), insistió, de todos modos, en que aunque respaldar la bajada de impuestos no fue una buena idea, la medida no es obra de Greenspan, sino de la Casa Blanca y el Congreso, que la aprobó.

Más allá de esos debates, lo que verdaderamente se recordó hoy fueron los aciertos de Greenspan, como la clarividencia de que hizo gala en 1996, cuando predijo un auge de la productividad de los trabajadores en la que nadie creía por aquel entonces.

El "maestro", como lo define el periodista Bob Woodward en su biografía, vaticinó que la mayor productividad permitiría que la economía creciera más rápido sin alimentar la inflación, y se opuso a subir los tipos.

Su decisión prolongó el apogeo de la década de los 90.

Entre 1993 y 2000, los EE.UU. crecieron a un ritmo del 4 por ciento y añadió más de 2 billones de dólares cada año a su Producto Interior Bruto (PIB), lo que supera la producción anual de Francia.

"Greenspan disfruta de una inusual habilidad para compilar datos y ver sus conexiones", dijo a EFE Jim Stock, profesor de economía de la Universidad de Harvard, quien añadió que el responsable de la Fed es capaz de "anticipar cambios económicos con cifras aparentemente insignificantes".

Entre las hazañas que le han permitido alcanzar estatura de gigante, figura su manejo de las crisis financieras, como el desplome bursátil de 1987, poco después de su aterrizaje en la Fed, o las turbulencias que se sucedieron en 1998, tras la quiebra del fondo de alto riesgo Long Term Capital Management.

Con ese historial a sus espaldas, no es de extrañar que en Wall Street se viviera hoy con más resignación que entusiasmo su salida de la Reserva Federal.

"Tiene casi 80 años y hay que aceptar que tiene que jubilarse", dijo a EFE David Wyss, economista jefe de la firma de calificación de riesgo Standard & Poor's, quien describió el mandato de Greenspan como "el más exitoso de todos los tiempos".

Los operadores que durante casi dos décadas han estado pendientes de cada una de sus palabras, "lo van a echar de menos", destacó Wyss, quien precisó, de todos modos, que "al final, y aunque parezca lo contrario, nadie es imprescindible".

Entre sus expresiones más famosas está la de "exuberancia irracional", que utilizó el 5 de diciembre de 1996 para definir la orgía alcista que se vivía en Wall Street.

Los mercados cayeron aquel día, pero volvieron a remontar el vuelo posteriormente.

La historia, de todos modos, daría la razón a Greenspan a partir de 2000, cuando la Bolsa neoyorquina interrumpió su escalada alcista y empezó a pagar, uno por uno, los pecados del pasado.

Por increíble que parezca, las palabras e imagen de Greenspan han servido incluso para inspirar a artistas y compositores, como Robert Pound, que compuso una pieza de 12 minutos llamada "Exuberancia Irracional", una sucesión de "oleadas de felicidad, cuasi maníacas".

Estos días también se exhibe en los EE.UU. una colección de retratos de Greenspan de la pintora Erin Crowe, de Virginia, que los está vendiendo como rosquillas entre los mismos banqueros de Wall Street, que hoy se confesaban apenados por la partida de Greenspan.

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