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Dos residentes de Manhattan decidieron decorar este año su mansión con una escena que incluye a una figura de Papá Noel que esgrime un cuchillo y un árbol adornado con cabezas de muñecas decapitadas.
Escondido en parte detrás de un árbol, el Santa Claus macabro sostiene la cabeza de una muñeca decapitada que llora lágrimas de sangre.
En una entrevista telefónica, uno de los residentes de la mansión, Joel Krupnik explicó que su familia pensó que la escena sería un comentario divertido acerca de la comercialización de las Navidades. Krupnik hizo la decoración junto con otra residente de la mansión, Mildred Castellanos.
"Es una festividad religiosa, pero la han convertido en un negocio, y eso no debe ser", dijo Krupnik. "No lo hicimos para ofender a nadie. Es algo que surgió de nuestra imaginación".
Algunos transeúntes que pasaron frente a la mansión se manifestaron intrigados por la escena, pero otros la rechazaron de plano. Peter Nardoza, de 81 años, sacudió la cabeza incrédulo. "Es algo morboso, muy morboso", dijo. "¿Adónde ha llegado el mundo en que vivimos?"
Ronnie Santiago, un repartidor que pasaba por el lugar, conjeturó que algo debió pasarle al propietario de la casa en una fiesta de Navidad, y otros se preguntaron si la escena no afectaría la tierna imaginación infantil.
Pero no todo el mundo criticó la idea. Bucky Turco, de 31 años, dijo que la decoración era una crítica acertada del comercialismo. "Es brillante", agregó.