Los gusanos que comen carne humana y las sanguijuelas que chupan sangre vuelven a la medicina desde la Antigüedad. Hace mucho que se experimenta con ellas, y con la alta tecnología actual resultan un método cada vez más sorprendente que evita muerte en los tejidos, amputaciones y demás horrores que podrían sobrevenir al paciente si no se encontrara con estos animales.
Durante dos días, desde hoy, en los Estados Unidos se discutirá cómo regular este método medicinal, según New York Times. Las sanguijuelas, se descubrió, son particularmente buenas para drenar excesos de sangre de partes transplantadas o añadidos orgánicos al cuerpo. Y como los microcirujanos abordan hazañas como la reimplantación de manos y cueros cabelludos, las sanguijuelas se han hecho indispensables. Los gusanos, en tanto, limpian heridas infectadas que no quieren cicatrizar, como le ocurre a los diabéticos, y su efectividad es la mejor de entre las técnicas disponibles para eso.
Sin embargo, ni las sanguijuelas ni los gusanos fueron sujeto de regulaciones por parte de la Food and Drug Administration, el ente oficial de alimentos y remedios en los EE.UU. Por eso, están impelidos los expertos a crear guías generales de uso para que estos animales además puedan crecer, ser transportados y manipulados en marcos seguros.
"Lo primero que hacen los gusanos es masticar", explica Mark Melkerson, de la FDA. "Las sanguijuelas, en cambio, beben sangre. Esos son los procesos 'mecánicos' que llevan a cabo", añadió.
Durante centurias, los doctores usaron sanguijuelas con la visión errada de que balanceaban los fluidos corporales del paciente. Incluso se dijo que drenaron con sanguijuelas la sangre de George Washington antes de que muriera.
Con el desarrollo de la medicina moderna, las sanguijuelas no tuvieron devotos, pero en los setenta se volvieron populares otra vez, ahora entre microcirujanos.
Cuando se trasplantan tejidos o partes del cuerpo, estos cirujanos deben unir a veces arterias que llevan grandes cantidades de sangre a los tejidos y los vuelve fáciles de suturar. Mucho más difícil es hallar venas que reconecten ambos tejidos, el nuevo con el viejo, que llevan sangre pero mucho más frágil y sutilmente.
Luego de la cirugía, cuando algunas venas fueron reconectadas solamente, la sangre puede no llegar al nuevo tejido: se atasca la sangre vieja, se vuelve la piel azul y eventualmente esta se muere, dijo el doctor Scott Levin de Duke University al diario.
Entonces, para ganar tiempo al cuerpo hasta que logre crear sus propias conexiones de venas, los cirujanos usan sanguijuelas.
Estas naturalmente inyectan a los pacientes un potente cóctel químico que incluye anticoagulantes, anestésicos y antibióticos, todos en una sustancia que dilata las venas. Esto da impulso al sangrado veloz, que vacía el tejido nuevo de sangre extra, y la hace fluir. Reducen la presión sobre las venas y les permite entonces formar otras por su cuenta.
En 20 minutos, una sanguijuela se remueve de la herida sangrante, pero ese flujo de sangre queda en la herida 24 horas. Si es muy grande, las sanguijuelas se usan de a varias, entre una y tres cada dos horas, dice Levin.
Las sanguijuelas también son extraordinariamente sensibles a la buena circulación de sangre y por eso ofrecen inmediato feedback de cómo resultó la cirugía, explica el cirujano Bruce Minkin.
"No va a prender el tejido si no hay sangre de las arterias que le ingrese, y a veces eso me dice que necesito realizarlo de nuevo", añadió Minkin.
Josh Combs tiene 17 años y necesitó sanguijuelas para salvar un dedo que le "sacó" un fuego artificial. Su madre dijo que se quedó helada cuando el médico le dijo cómo iba a proceder. La señora tenía dos fobias, los hongos y las sanguijuelas. Durante la aplicación, esperó a su hijo afuera. "Tenía miedo de que se despertara y le viera una sanguijuela en su mano", relató.
Josh después contó que hasta había nombrado a sus aliados terapéuticos. El más succionador se llamaba Fred.
Los gusanos, por su parte, curan heridas. A los diabéticos les son utilísimos, y también a los que no tienen buena cicatrización de heridas, injertos o similares. Los gusanos comen la carne podrida, y no es más simple que eso. Las tribus australianas primitivas curaban a la gente con ellos, así como indígenas de Burma y los Mayas. Una herida de Napoleón, luego de una cirujía, se curó con gusanos.
Durante la Primera Guerra, un doctor vio cómo dos soldados fueron hallados, después de pasar días heridos en el campo de batalla, con miles de gusanos en sus lastimaduras. Todos pensaron que estaban siendo comidos y desintegrados, pero los gusanos fueron removidos y debajo quedó carne sana. Ese doctor, William Baer del Johns Hopkins School of Medicine, se convirtió en el campeón de la medicina moderna con los gusanos.
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