Un náufrago sobrevivió para ser testigo de la tragedia

El ecuatoriano Pedro Díaz integraba el grupo de 113 indocumentados que viajaban hacinados en un barco con la idea de llegar a Estados Unidos, y que se hundió en el Pacífico

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"'Yo solo estoy vivo para contar mi historia, como me pidieron mis compañeros'', dice Díaz, un corpulento agricultor de 28 años, que con sus compañeros zarpó rumbo a Guatemala desde Ecuador, para seguir de ahí a Estados Unidos.

Díaz integraba un grupo de 113 inmigrantes ilegales que intentaban entrar a los Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida, y que fueron engañados por traficantes que los convencen de que es posible ingresar de esa manera a territorio norteamericano. El barco, donde viajaban hacinados hombres, mujeres e inclusive algunos menores, naufragó a la altura de las costas colombianas, y solo sobrevivieron nueve personas.

''Estaba dormido, tendido en la cubierta del barco, era de noche, el oleaje no era fuerte. De pronto, sentí que una ola remeció el barco hacia la derecha y no se volvió a enderezar'', cuenta Díaz, que fue autorizado por los funcionarios de Migraciones a dar testimonio de la tragedia, según el relato que publica hoy El Nuevo Herald.

''De pronto, en segundos, el barco giró más y yo apenas tuve tiempo para lanzarme al agua. De pronto, me junté con otras personas en el mar'', narra.
Explica que otras 12 personas estuvieron en su grupo de sobrevivientes. ?Todos pudimos escuchar los gritos de las personas que no pudieron salir de la bodega del barco, que estaba repleta''.

''Escuchamos los gritos por una media hora, y el barco aún no se hundía, luego ya no escuchamos nada, y ya no se veía el barco'', susurra.

El y sus compañeros de viaje, explica Díaz, pudieron sobrevivir gracias a que encontraron un gran envase plástico que se utilizaba para cargar combustible para la nave. Y dice que cuando salió el sol, encontraron a otras tres personas que flotaban sobre envases plásticos usados para llevar agua potable.

Relata que los sobrevivientes se dividieron en dos grupos, uno de cinco y el otro de once personas, en el cual se encontraba él. ''De los once quedamos solo cinco, y del grupo de cinco quedaron solo cuatro, esos sobrevivimos'', asegura, señalando que la gente moría poco a poco, perdiendo sus fuerzas y soltándose de sus precarios salvavidas.

Ahora Díaz solo espera poder volver a su casa, para reencontrarse con su mujer y sus tres hijos. El naufragio de cobró la vida de su cuñada, Carmen, de 27 años, y un amigo, Jacinto, de 19. ''Carmen me dijo: sálvense ustedes si pueden, para que cuenten esta historia, sálvate para que cuides de mis hijos'', cuenta.

?Fue terrible, quiero contar a mis amigos que no hagan esto nunca, esto no vale la pena?, dice, apelando a otros que puedan sentirse seducidos por los traficantes de la inmigración ilegal. ''Hay que poner fuerza, ser fuertes, y seguir adelante. Solo pienso en volver a mis tres hijos y a mi esposa''.



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