Ayer se corrió la última etapa del Tour de Francia del 2005, lo que será también la última etapa que correrá en su vida el norteamericano Lance Armstrong, una leyenda del ciclismo. Ganador del trayecto anterior, ayer entró a París vestido de amarillo y obtuvo el séptimo tour de manera consecutiva, algo que no había conseguido ningún otro ciclista antes.
En el mundo entero aún no se pudo descifrar qué es más fuerte: si las piernas de Armstrong o su propio corazón. Lo cierto es que no sólo por su impresionante trayectoria profesional, sino también por su coraje para vencer los obstáculos que le presentó la vida.
Nacido el 18 de septiembre de 1981 en Austin, Texas, su infancia estuvo marcada por una significativo vacío, y la ausencia de su padre biológico (a quien el ciclista no llegó a conocer y al que lo califica en su biografía simplemente como "suministrador de genes") le sirvió para ir fortaleciendo su fuerza anta las adversidades.
Su mamá Linda siempre apoyó su decisión de dedicarse al deporte, y de joven comenzó a practicar atletismo y natación. Luego se subió a una bicicleta y ya a los 15 años era un profesional de triatlón. Posteriormente dejó de lado esa especialidad para concentrarse únicamente en los pedales.
En 1991 ganó su primer campeonato norteamericano y en el 92 participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Con 21 años obtuvo su primera etapa en el Tour de France y anticipó lo que le depararía su futuro: "Si otro Armstrong alcanzó la Luna, yo llegaré hasta Marte".
En el mejor momento de su carrera hasta ese entonces, cuando había logrado convertirse en el ciclista número 1 en el ranking mundial, sufrió el peor revés de su vida y su carrera.
En octubre de 1996 se le diagnosticó que tenía cáncer testicular. Al día siguiente de conocer la noticia, y debido a que la enfermedad ya se encontraba en una etapa avanzada, el mejor ciclista del planeta fue operado.
Se le extirpó un testículo, pero además de la intervención quirúrgica, debió someterse durante casi medio año a un tratamiento de quimioterapia, ya que el cáncer se había ramificado a los pulmones y al cerebro. Según los especialistas, se temió por su vida, y las chances de sobrevivir no superaban el 50 por ciento.
Su coraje, su admirable fuerza de voluntad y su deseo de ser el mejor ciclista de la historia lo empujaron permanentemente a superar la enfermedad y durante el tratamiento médico, increíblemente continuó con su entrenamiento, alcanzando distancias de hasta 80 kilómetros.
Su enfermedad le hizo cambiar el modo de ver la vida, y tras recuperarse, en 1998 creó la Fundación Lance Armstrong contra la lucha de cáncer.
Recuperado de su cáncer, volvió a la París-Niza en 1998, pero debido a su abandono en la competencia y a su caída anímica, llegó a pensar en el retiro.
Ayudado por su entrenador Johan Bruyneel, regresó en 1999 al Tour como un candidato de segunda línea. Y fue en esa carrera donde comenzó a escribir las páginas más gloriosas de su trayectoria. Rompió todos los pronósticos y arrasó con la prueba, superando por más de siete minutos al segundo.
Ese mismo año tuvo otra gran alegría, cuando su mujer Kristin Richards dio a luz a su hijo Luke, para lo que se utilizaron espermatozoides congelados del corredor previos a la operación.
En el 2000 publicó su autobiografía, y en agosto del mismo año sufrió un accidente al ser chocado por un auto al sur de Francia, pero se recuperó para regresar y ganar el bronce en los Juegos de Sydney.
Siguió conquistando Tours, y con el mito de tener al público y a la prensa francesa en su contra, el norteamericano nunca entró en polémicas.
En 2003 alcanzó el récord de cinco Tours consecutivos que ostentaba Miguel Induráin, y al año siguiente lo superó.
El tejano anunció su retiro hace tres meses, el 18 de abril, en una conferencia de prensa. El sueño de conquistar su séptimo Tour está cada vez más cerca, y no parece haber nadie que pueda contra su potencia. Está a menos de una semana de largar su bicicleta de manera profesional, pero su voluntad hizo que ya sea considerado una leyenda y que su paso por la vida sea difícil de olvidar.