Gómez Bolaños basó su programa en un hecho real, y así lo revela en El Diario de El Chavo del Ocho, la obra que publica ahora.
Son apuntes que él encontró en un banco de plaza y que eran de un nene que un día se le apareció con su cajón de lustrador de botas a preguntarle: "¿Grasa, jefe?".
Entonces Gómez Bolaños aceptó que le lustrara los zapatos y le dio una propina gigante. El niño "bailoteó", como su personaje, mientras decía: "¡Con esto me puedo comprar una torta de jamón... o dos... o tres..." Jamás imaginó ese chico que millones de personas en el mundo crecerían y se encariñarían con un personaje mexicano, inspirado en él.
Luego se alejó, el verdadero Chavo, pero dejó la libretita que llevaba con notas, en las que relataba episodios que le ocurrían en sus días.
A Gómez Bolaños le bastó leerlo dos veces y decidió publicarla como "Diario del Chavo del Ocho", pero ahora incluía dibujos de personajes de la vecindad, como Ron Damón, Ñoño, Jaimito el cartero y La Chililndrina.
El libro actual es una reedición de bolsillo del que se publicó hace unos diez años. Gómez Bolaños repite su karma: que antes de actor siempre fue un escritor.
"Ahora que ya no hago televisión, me dedico a escribir, estoy preparando mi biografía para noviembre", dijo, según informa El Universal, de México. "Es la historia de un niño que carece de todo, menos de eso que sigue siendo el motor del universo: la fe".