Tomar un tenedor, pinchar un trozo de alimento y hasta servirse líquido en un vaso puede ser un acto cotidiano pero también una experiencia única y asombrosa para entrar en el mundo de los no videntes.
En Berlín, Alemania, también se puede comer a oscuras. Nocti Vagus es un restaurante berlinés para agudizar los sentidos. Totalmente a oscuras, el restó es atendido por meseros ciegos y los comensales deben servirse ellos mismos una vez que los platos son acercados a su mesa. No saben qué comen y se les recomienda meter el dedo índice en el vaso al servirse, para que no rebalse el líquido.
Los menús son anunciados por la mesera no vidente y constituyen una sorpresa para los comensales, que sólo pueden tocar, oler y gustar.
En otra ciudad alemana también se trata de una experiencia sensorial. El restaurante Unsicht Bar, de Colonia, es un intento también de mostrar cómo es el mundo de los no videntes.
El promotor de la idea fue un empresario joven llamado Axel Rudolph, quien también diseñó otros eventos y paseos sensoriales para acercar el mundo de la oscuridad a los videntes.
La tendencia se repite en París, Francia. En ?Goût du Noir?, los organizadores advierten que los comensales deben usar ropa oscura. Está prohibido usar reloj, fumar o mirar a quien uno le está hablando. Además, recomiendan ir a servirse a la mesa buffet de a uno, mientras la pareja espera sentada. Si no, nunca encontrará el camino de regreso a su mesa.
El restó, cuyo nombre significa « gusto de la noche » fue ideado en 1999 entre Michel Reilhac (un ex cineasta) y la asociación Paul Guinot.
Está ubicado en la calle Montorgueil, una peatonal cerca de Les Halles. Al finalizar la comida, los comensales son llevados a la salita del café, siempre a oscuras. Una vez en la luz, dejan sus impresiones en un libro de visitas.
Experiencia argentina: un taller para aprender En la Argentina también se puede comer a oscuras, pero más que una experiencia fashion es un taller para entender el mundo no vidente.
En el Conurbano se puede probar el almuerzo de la penumbra en Gallito Ciego, un restaurante de Becar que nació como un taller vivencial creado por la asociación Audela.
En Gallito Ciego los comensales son puestos a la mesa a gustar, oler y tocar la comida, pero no pueden verla. Ni siquiera ven dónde están sentados, dónde se encuentran los cubiertos y mucho menos pueden llamar a los meseros con una gesto.
En este caso, Gallito Ciego intenta ser una vivencia educativa, no un local comercial, que se creó en donde funcionaba el Instituto Roman Rossell, un taller de cocina para ciegos. En ese mismo lugar se dan talleres para no videntes destinados a ayudar a quienes perdieron la vista en la adultez. La elaboración de la comida y la atención están a cargo de personas ciegas quienes reciben y guían hasta el salón a los comensales.
Los teléfonos de Audela son 4732-3245 y 15-5045-2000 y su página web es www.audela.org.ar
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